viernes, 23 de abril de 2010
sábado, 17 de abril de 2010
GARZÓN
webmaster@cgpj.es
Sr. Presidente y Consejeros del Consejo General del Poder Judicial
Ante la noticia de que en fecha próxima han de resolver sobre la “suspensión de funciones” del magistrado D. Baltasar Garzón por razón los procedimientos judiciales incoados contra el mismo por el Tribunal Supremo, como ciudadan@ de un Estado Democrático de derecho y en el ejercicio del derecho de petición, reconocido en el Art. 29 de la Constitución y desarrollado por la L.O. 4/2001, solicito de Vds., con el respeto debido pero también con la máxima energía, que no acuerden dicha suspensión de conformidad con las fundadas razones de la Fiscalía General del Estado. En caso contrario, la decisión causaría un gravísimo perjuicio al principio constitucional de independencia judicial y a los valores democráticos constitucionales.
Atentamente.
Nombre y apellidos:
DNI:
Profesión
miércoles, 14 de abril de 2010
CASTILLA : TORO
Y recordé a Baroja, claro está. Entre otras cosas, y pese a mis cada vez más preocupantes lapsus memorísticos, aún no me considero amnésica irredimible y, la visión de Castilla de los noventayochistas no era, en absoluto, esencialista. ¡Menudos tipos y espacios recortaron, cada uno a su manera, Azorín, Machado, Unamuno o Baroja.
Sigo con éste, de momento.
Andando por allí, recordé al impar viajero que observaba las simples manías de las gentes, dado que de tales pueden calificarse los “epígrafes callejeros” –otro texto destacable, de título homónimo–, especialmente en su versión más rudimentaria, como lo son las pintadas en paredes y paredones, y no tanto en el cartelismo propiamente dicho o los rótulos comerciales. Como siempre, un dato de la realidad observada, en este caso la insipidez del cartelismo de hacia 1935 –invariablemente limitado a los vivas, abajos y mueras–,
Actualmente todas las paredes de los pueblos de España están llenas de letreros políticos: Viva la U.G.T., la C.N.T., la F.A.I., la F.U.E., la F.E., etc. Dan ganas de sintetizar estas exclamaciones por una que diga: ¡Vivan todas las letras mayúsculas del alfabeto!
le lleva a evocar lo captado en sus largos y/o lejanos años de paseante en corte, con una menuda disección de los rasgos específicos que mostraba el cartelismo de según qué oficios (así, por ejemplo, los pirotécnicos eran los más lacónicos, mientras que los zapateros parecían ser los más fantasiosos) o zonas de la ciudad, y desde luego de los pueblos próximos (Ventas) o de otras poblaciones (Sigüenza, Béjar, Albacete, Haro, Nájera, Vitoria, etc.), sin descuidar determinados espacios, fuesen las fachadas de los ayuntamientos, las tiendas (casquerías, tahonas) u otros locales públicos (tabernas, salones de baile). Es justamente dicho artículo, “Epigrafía callejera”, el que le permite a este impar viajero introducir una irónica reflexión sobre su “oficio”, dado que “hablar de los rótulos antiguos que se veían en las paredes y en las muestras [... constituye una labor de escritor costumbrista, muy próxima al lugar común literario”. Pero el narrador no tiene prejuicios a la hora de reconocerse “hombre un poco intoxicado por el costumbrismo”.
Llegué a Toro un poco cansada: del frío, del viento, de las inclemencias...
Para mi sorpresa, sin embargo, me encontré con un espacio abierto: Coleaban aún los acompañantes de la procesión diurna y... la Plaza Mayor bullía...
Paseé por allí.
Paseé animada por la bienvenida de un toldo que me anunciaba "Bodega El Pillo", así sin más.
Después vendrían otros reclamos: "Heladería El Gustazo", "Alimentación Anatolio" (muy vilamatiano éste, por cierto)... y más.
Sin embargo, lo que más me conmovió de Toro fue entrar en la ciudad por una calle que se seguía llamando "El canto de los arrieros".
Me detuve ahí, claro.
Y sí, luego visité la Colegiata de Santa María.
Y almorcé en el refinado restaurante de "La viuda rica".
Pero...
puestos a seguir siendo enigmáticos...
¿Qué hay del Cine Imperio?
¿Y de las Caballerizas del Conde?
¿Y de la Posada (Real) Rejonera?
Seguiré... palurdamente.
lunes, 12 de abril de 2010
SOS
Ya sabéis que en este Blog no entro en el día a día así, directamente (por puro bochorno, por el sonrojo que me provocan quienes opinan de todo), aunque si se tercia intento, desde la literatura, arañar o rozar la actualidad, con técnicas brechtianas.
Hoy me encuentro con estos comentarios a mi entrada (¿antigua?) titulada "Mujeres maltratadas". He responddo (como pude) a esta mujer, pero quiero extender a todos vosotros su clamor.
Reproduzco lo que me escribió al Blog:
Anónimo dijo...
Que poco ayudan alas mujeres maltratadas yo soy una de ellas, todo es marquetin nada mas donde estan esas ayudas que desesperadamente vuscamos que no encontramos nada mas que trabas para salir adelante, que como yo sin tener donde caernos muertas tenemos que volver con el maltratador hasta que nos mate y despues ser un numero mas sin remordimientos para nadie
lunes, abril 12, 2010
Anónimo dijo...
Nisiquiera lo poneis , donde esta la libertad que todo el nundo pueda leer lo que siento , como me siento, gracias por no publicarlo
lunes, abril 12, 2010
Ignoro qué resultará de todo ello. Por si acaso, aviso. A ella le respondí "en privado", contándole una experiencia personal en las calles del Raval, un sábado a mediodía. Confío en que lo lea, y en que la leáis.
Y a ver si entre todos... esto también lo arreglamos.
jueves, 8 de abril de 2010
CASTILLA: MIGUEL DELIBES
Lo que me rejuvenece porque me recuerda los veranos en que partíamos alegremente (casi siempre en auto-stop), confiando en los amigos que estarían aquí o allí en determinadas fechas, lo que convertía el viaje en lo que debe ser: expectación y demora (o si queréis, sorpresa y hasta desasosiego).
Las recuerdo extrañas, acaso por haber transcurrido un poco a la intemperie, sin casa propia, porque reformamos la chabolita de Asturias y... Martin y yo nos alojaremos en unos apartamentos más que idílicos (y módicos de precio), "El cercado", en Castropol, con un amplio jardín desde el que mirar la amada ría del Eo, pero aun así... (seguía la cornisa cantábrica en estado de alerta por viento y lluvia y...)
Recuerdo que pensé que echaría de menos mis pantuflas, el sillón de lectura, la "mullida" alfombra, el flexo, la reserva de mermeladas o de pepinillos agridulces que dejo en la despensa...
Recuerdo las breves vacaciones y las siento como demasiado nómadas para mi edad.
Después de Asturias, dedicada a resolver "detalles" y a familiarizarme con materiales extraños y a ajustar medidas y a añadir enchufes (nunca acertamos, aunque multipliques las tomas y conexiones hasta el paroxismo) y...
nos largamos a Zamora. Le tenía ganas: a las procesiones de esa ciudad, al románico de la provincia y al Lago de Sanabria, y alrededores.
Cuatro días de los que iré desgranando los respectivos relatos.
Vino después Tordesillas (y el ineludible recuerdo de Doña Juana) y por último Simanacas, acogidos por Carlos, el hijo de Rosa Chacel.
Como el tiempo seguía inclemente, las vacaciones tomaron un aire más doméstico y familiar que aventurero o...
Aún no habían florecido las jaras, que tanto amaba Rosa Chacel cuando nos escapábamos por tierras de Castilla a finales de mayo o principios de junio (procuraba no faltar nunca a esa cita, renovadora, con el pretexto del cumpleaños de Rosa, el 6 de junio).
Allí recordé a Miguel Delibes (ante su tumba), pues está enterrado cerca de Rosa Chacel, en el Panteón de los Hombres Ilustres.
(A Rosa, el detalle -el nombre- no dejaba de divertirle, pues sabía de antemano que sería enterrada allí, pero jamás ocultó el orgullo que esto le producía. Y allí sigue ella, entre los hombres).
En el número de Babelia del 20 de marzo de 2010, Antonio Muñoz Molina dedica su colaboración habitual a recordar a Miguel Delibes, diciendo que su generación... (es decir, la mía, la nuestra ) no leímos a Delibes con la asiduidad y devoción que el autor (su obra) requeriría, desde el punto de vista literario (y desde la distancia). Pero yo no creo que eso se debiera a un afán de cosmopolitismo, como opina AMM. Simplemente pienso que el mundo que nos transmitían sus novelas era el que a algunos nos habían legado nuestras familias (soy de la opinión que sí hubo memoria histórica en este país); era lo que habíamos mamado y conocíamos, de modo que...
(Y claro, los lectores en agraz pero voraces atienden, primero, a los mundos (sobre todo a los mundos, no tanto a las historias, que también). Sólo cuando esos lectores maduran y crecen se detienen. Y entonces aprecian otros aspectos: estilo, lenguaje, verbo).
Recuerdo que en el último año de carrera tuve que hacer un trabajo sobre Atavismo... y no sé qué más en "Las guerras de nuestros antepasados", para la asignatura que impartía el gran Antonio Vilanova. Saqué muy buena nota, sí, pero no recuerdo mayores emociones de aquella experiencia. Tampoco la satisfacción que todo esfuerzo o reto intelectual depara.
Y comprendo que mis hijos (seres privilegiados a quienes en el Colegio Alemán, pese a no cursar ellos el itinerario de Humanidades, les obligaron a leer a Delibes -y a tantos otros-, en comparación con el panorama literario que prima en la enseñanza pública española, despotricasen contra "Cinco horas con Mario", porque....
No era la mejor opción. A ellos, les convendría leer "Las ratas" o "La sombra del ciprés..." (y conste que lo he comprobado, porque de vez en cuando me hacen caso. Sólo de vez en cuando.
Es decir, conseguí que volvieran a Delibes.
Como yo misma lo he hecho, después, bastante después, y buscando a Delibes por mi cuenta.
Descubrí entonces al escritor viajero que hablaba de su Castilla, como lo hacía en un título casi homónimo, poco recordado estos días en los panegíricos necrológicos, pero que sin embargo...
Al filo de los años treinta, tras la “crisis” de las vanguardias y la aparición de un primer realismo social, y después, durante la dictadura franquista, en una España con una censura férrea y sin libertad de expresión, el compromiso político y social de los escritores les llevó a escribir un tipo de libro de viaje-reportaje que reflejase España de una manera objetiva y sirviera de testimonio de aquella realidad. Los libros de Cela, Candel, Grosso, López-Salinas, Ferris o Juan Goytisolo son sus mejores muestras. Sin embargo, muy poco (más bien nada) he oído de Castilla habla, que tanto me recuerda
Pero también descubrí aquellas otras páginas en que Delibes se alejaba de Castilla.
Y me satisface especialmente ofrecer estas instantáneas que revelan la lucidez de una mirada (y una voz) que no tiene fronteras.
Como lo hace en Dos viajes en automóvil -por Suecia (1980) y por los Países Bajos (1981)-, repletos de apuntaciones referidas a asuntos prácticos o aspectos cotidianos que revelan una intención reformista e ilustrada, como cuando, al observar que en la televisión sueca las películas se pasan en versión original subtitulada y “ese ejercicio cotidiano, tras un aprendizaje en la escuela o en
precisamente para sentir ese frío y tratar de hacérselo llegar a sus lectores. Uno está allí para ayudar a los esqueletos vivientes, para tratar de difundir sus resignados lamentos, casi inaudibles y que su sacrificio no sea inútil; en suma, uno está allí para una obligación muy concreta: ayudar a evitar que la historia se repita, procurar convencer al hombre de que el prójimo no ha sido puesto a su lado para transformarle un día en humo o en jabón.
En 1955, cuando Miguel Delibes salía a descubrir América, suscribía una actitud que convendrá recordar a los viajeros:
Las ideas previas, como ideas de segunda mano que son, reportan una oscura rémora para el viajero. Un viaje exige una mirada virgen, una conciencia sin deformar. […] Quien viaja con la presunción de estar de vuelta de todo es un observador frustrado; se precisan ojos de palurdo para sacarle a un viaje un rendimiento.
Si puedo, os lo iré contando (I promise, I hope).
sábado, 3 de abril de 2010
UNIVERSIDAD
Marché ¿de vacaciones?, dejando a mi hijo Nico (la Universidad Pompeu Fabra, como tienen trimestres, lo habían liberado de... a diferencia de Adrián, que tenía los parciales después de ¿fiestas?) encargado de ilustrar una próxima entrada en el Blog, pero... a última hora (aconsejada, estimulada, animada, ayudada... ¡yo qué sé!) por un par de buenas colegas, decidí rellenar unos papeles (aplicativos) burocrático-docentes.
Debía presentarlos antes del martes 30 de marzo y yo me marché de aquí el viernes, así que... abusé de la paciencia de Nico.
Luego, yo ya animada y en plena faena (es difícil recordar), estuve a punto de desistir (tenía que incordiar a amigos para ocupar el ordenador: nuestra chabolita progresa y ya no está a la intemperie, pero...) cuando...
José-Carlos Mainer, que acaba de sacar el primer volumen de una vasta Historia de la Literatura, declaraba (Babelia, 27.03) que, de la universidad, se iba a jubilar porque "arrastro cansancio por el horario y la falta de flexibilidad intelectual". Después, tras una débil objeción de entrevistador, sólo capaz de argumentar con un "Bueno, ya...", Mainer se mostraba rotundo y decía:
"Y luego está Bolonia: es decorazonador. No comparto ese plan. Le garantizo que de Bolonia no va a salir Harvard alguna. Nos hemos equivocado de modelo; quizá aporte mejor gestión profesional, pero no conducirá a la excelencia académica, a la innovación arriesgada pero de relativa rentabilidad. Tampoco generará una internacionalización del conocimiento; sólo se hacen intercambios de alumnos, pero no de profesores y sus métodos. Será turismo académico".
(Ya lo es, desde hace unos años. Nada que ver el nivel que traían los primeros estudiantes erasmus, con los recientes).
Al lado, en el artículo "La tarea crítica", firmado por otro de esos catedráticos que la Universidad española se ha permitido el lujo de perder (en este caso a deshoras, y por lo que todos sabemos), Luis García Montero apostillaba:
"José-Carlos Mainer ha sido desde hace años un maestro para mí. Su sabiduría y su voluntad de hacer Estado lo convierten en uno de los pensadores imprescindibles de nuestra literatura. Y más ahora, cuando el tiempo de los maestros universitarios se ve desplazado por el funcionariado tecnológico y una burocracia empresarial que cambia las santas horas de estudio por la búsqueda en los boletines oficiales de convocatorias y proyectos domados".
¿Así sea?
Habrá que volver, some time...


