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sábado, 17 de mayo de 2014

MERIENDA

   


Le he encargado a mi esposo (responsable de las compras) que me traiga algo inesperado para prepararme una buena merienda; algo que realmente resulte placentero y, a la vez, muy nutritivo, aprovechando los numerosos establecimientos de panes de lujo, chocolates exquisitos y pasteles sotisficados que se han inaugurado a no más de dos manzanas de distancia de mi casa.
Por lo de la cita de las 18:00 horas.


Ahora que ya hemos tocado fondo fondo, la gente se va  atreviendo a hablar y destapar los trapitos, el día a día (porque eran sonrojantes los comentarios y conversaciones al respecto por parte de los periodistas o contertulios del staff  blaugrana desde enero... cuando ya la caíada era de vértigo)... ejercicio simple, por otra parte, dada la evidencia.



http://deportes.elpais.com/deportes/2014/05/14/actualidad/1400097313_508315.html
Celebré mucho este artículo, que refuerza mi posición ante uno de ms vástagos.



 
¡Y  PUXA  ASTURIES! Es decir,  LUIS ENRIQUE.

jueves, 8 de agosto de 2013

TOMATES VERDES CRUDOS

Algo ha debido de suceder en la percepción que de Cataluña se tiene en el resto de España (tuve ocasión de intuir algo cuando anduve por Madrid y demás enclaves durante el pasado invierno) para que este verano me haya encontrado con la (por lo demás grata)  sorpresa de que una de mis amigas campesinas me tuviera preparada unas matas de tomate,.
Por si acaso, leí en su rostro, en completo silencio.
Alborozada, al llegar les saqué estas fotos....




Son minúsculas, pero es incalculable el cúmulo de sensaciones que me deparan estas promesas.


                      

Además, como me había recluido aquí durante una larga primavera invernal, aproveché para plantar semillas... que han fructificado, como las de los gladiolos amarillos
(antes desterrados por Martin, que decía que las cebollas alimentaban a los ratoncillos.... que dejaron ver su presencia también antes, así que falló el aregumento)

                 


   y de calas que permanecerán.





Es casi una despedida, aunque aún sigue el verano.
¡Eternamente!



miércoles, 17 de octubre de 2012

EL PULSO DEL AZAR

Dicen, los que van recibiendo la novela, que tiene un título bonito.
(Y algunos que ya la van leyendo -y no cito nombres, para que no se piense que... pero son potentes, los nombres que prefiero omitir- sostienen que es apasionante, que promete -interés, novedad, ¡cuánto has debido de documentarte...!-...)
Pero lo cierto es que los títulos no los elijo por su "bonitura" (quediría Rosa Chacel).
Aunque no lo parezca, aquí la palabra clave es pulso, en una doble acepción: latido (con toda la posible irregularidad o capricho que el flujo de la sangre...) y desafío, de cuando decimos "echar un pulso".
Aparte, las quisicosas personales con algunos escritores amigos que tratan del azar en un sentido altamente poético. Yo, más prosaica, aborda la cara oscura del azar, su injusticia.



El pulso del azar


El azar quiso que hoy miércoles hubiese de acudir a mi instituto, el Infanta Isabel de Aragón (que, me enteré, no consiguió cambiar su nombre por el del alma que lo inspiró y nos formó: Angeleta Ferrer, la hija de la gran pedagoga Rosa Sensat), porque se celebra su 50 Aniversario.
Difícilmente me enganchan en una de estas efémiredes, pero... el corazón tienen sus razones, que la razón desconoce (Pascal).
El azar hizo que me sentase al lado de Victoria Badía, actual directora del Infanta y... hermana menor de quien había sido una de mis compañeras....
¡Nudos! ¿Literatura y vida!
Era el pulso del azar: el cúmulo de hechos fortuitos que en un momento dado de la vida nos paralizan y amarran a unas cuartillas para recordar y tal vez comprender. No te imaginas qué extraordinarios llegan a ser esos instantes que solo obedecen al capricho o a la casualidad. Algunos son enormes como un crimen, o despiadados y crueles como la enfermedad y la muerte a deshoras, pero también los hay tan leves y ridículos como una burda errata. Los peores, sin embargo, son los que consideramos banales e inocuos aunque resulten los más dañinos porque pueden pasar perfectamente desapercibidos. Son los que de verdad me emocionan: si se escapan, llevándose consigo el sentido de una vida entera en su imparable sucesión de tiempos, nos dejan para siempre el vértigo de lo que podría haber no sido. Y eso sí resulta insoportable.
Esto se lee en la contraportada de la novela, y aunque lo dice un hombre maduro, un padre, es algo que procede, naturalmente, de mis lecturas, que me llevan, cuando quiero y necesito descansar de la literatura, a frecuentar "géneros" fronterizos. En un tiempo, las autobiografías y memorias y... Más recientemente, la literatura de viajes.
Luego, en otras entradillas de las solapas, puede leerse una posible sinopsis de la novela.

En la cárcel de mujeres de Wad-Ras, una joven recibe un abultado paquete de so­bres: «Aquí está tu historia», le dice una de las guardianas. La lectura de esas cartas irá tejiendo la na­rración de unas vidas y unos hechos en un tiempo tan acotado como intenso: los días del Alzamiento y de la guerra civil, y cómo el conflicto bélico y su doloroso desenlace condicionarán la deriva existencial de los diferentes personajes, hombres y mujeres de todas las edades que desde Asturias o Málaga confluyen en la Barcelona agitada y convulsa de aquellos años, la Barcelona de los movimientos obreros y los sueños revolucionarios, teniendo que lidiar tam­bién con sus batallas personales y con las escisiones y conflictos dentro del bando republicano. Novela epistolar, El pulso del azar traza con fineza y maestría la marca indeleble del tiempo perdido, y es a su vez un réquiem por todo lo que pudo ser y
nunca fue.


Pues bueno, de lo que pudo haber estado y no está en la novela (no imagináis la poda; de hecho, los que me han seguido, se maravillan al ver el tomo), iré hablando aquí, quiza´s, quizás...

lunes, 16 de julio de 2012

ASTURIAS (NEGRA)


Finalmente empiezo a respirar, tras llegar tan negra  (y no por haberme bronceado en BCN sino por motivos bastante distintos) a Asturias como ella misma, con las cuencas encendidas y el mar (de Candás a Villaviciosa) sucio de vertidos y chapapote.
Así que lo primero fue asegurarme el color: comprar las flores de temporada e ir disponiendos las macetas.






Luego, comprobar cómo iban los frutales; algo retrasados este año, como el melocotonero, según comprobáis en la foto de abajo.



Las hortensias se han ido recuperando felizmente, aunque necesitan una buena dosis de limaduras de hierro para recobrar su antiguo y envidiable color violáceo/azulón.


El ciruelo japonés se ha vuelto invasivo, de tan pletórico como está, con sus ramas cargadísimas: ya llevo preparados unos cuantos tarros de confitura para el invierno....



Particular orgullo siente Martin (que aquí ejerce de jardinero) por la buganvilla que plantó el pasado verano y, previamente, por haber diseñado o pensado el lugar idóneo, pues no es fácil aquí que se logre la variante roja, menos exuberante y por eso mejor controlada.


De lo que más orgullosa estoy es del limonero, gigantesco y casi stajanovista, ya que da frutos durante todo el año.



sábado, 16 de junio de 2012

MINEROS

Aún en Berlín, empecé a tener noticias (más bien Nico, por internet) de lo que estaba sucediendo con los mineros de Asturias, León, Teruel.... Aquí, algo empezó a difundirse en la prensa escrita y, dada la avalancha de noticias y los múltiples frentes abiertos, poco a poco fueron apareciendo imágenes en la televisión y demás.
Nada nuevo, por otra parte.
De anteriores conflictos mineros quedó amplia huella en la literatura y la música contemporánea.
Una breve muestra










Y vale la pena resaltar también este fragmento de Chicho Sánchez Ferlosio:




 

Y queda a la espera de más noticias ....




miércoles, 27 de julio de 2011

ASTURIAS: 1811-2011




Creo haber comentado ya aquí cómo la afición (¿o es una afección?) por los números redondos... cunde y se contagia y propaga.
En el Principado, 2011 es el bicentenario de la muerte de Jovellanos (de quien también me ocupé antes, si puede ser antes... y al que volveré irremisiblemente este otoño, quizás con ecos verlainianos, si eso es posible).
A la espera de poder (o querer) ir a Gijón a ver la gran Exposición dedicada a una de nuestras mentes más lúcidas, dedico un día a pasear por Puerto de Vega, que es donde murió, huyendo de nuevo y acogido por un modesto "patricio" local, don Antonio Trelles.





Paseé por Puerto de Vega en un día casi otoñal de este verano ¿atípico?
En absoluto. Así eran nuestros veranos de la niñez: apenas ocho o diez jornadas (íntegras y totales, eso sí) de playa, porque había que aprovechar un buen día y no se sabía cuándo habría otro.
Paseé por Puerto de Vega en un día casi otoñal de este verano indagando en sus edificios....
¿Habría sido este el Casino de 1931, sede del primer Cinematógrafo?




No, no, qué va....
El Casino fue un espléndido edificio art déco, de los que quedan pocas huellas en Asturias.



También visité el Museo del Mar, recientemente ampliado, con grabaciones muy interesantes de una de las pocas mujeres que, a los doce años, entró a trabajar en una de las fábricas de conservas de la localidad. El edificio que lo alberga fue una de ellas. Y en la población se advierten otras sedes ahora dedicadas a usos distintos.
El Museo es especialmente ilustrativo de la mítica (si bien yo aún la recuerdo) caza de la ballena, muy importante en esta zona hasta los años sesenta o más. No quiero ser Merville y por tanto no me extenderé al respecto

Después de comer me dirigí a uno de los enclaves excepcionales de este mi Occidente astur...
(Me abstengo de hablar de la decadencia de occidente pese a que la fórmula lo propiciaría. Y porque la atipicidad del verano tiene su parte de desolación, si lo consideramos ya no desde la climatología sino desde la sociología o la economía o... las circunstancias).



Es la Playa de Barayo, de ¿difícil? acceso.
No tanto.
Sucede que, o bajas por el acceso "natural": la senda habilitada a partir de los trazos y las huellas, a base de incrustar en la tierra unos rudos travesaños de madera... o te das un paseo gozoso, por un sendero cubierto de árboles (¿eucaliptos? ¡Ay!), que dura una media hora y que te permite ir respirando la atmósfera de esta reserva natural, donde se enclava la playa.




Al llegar, el mar: toujours recommencé...
O no. Porque aquí cada día es distinto: como el cielo y la luz y hasta el agua.
Si bien debo admitir que ésta tiene una temperatura igual a la de recientes veranos: cálida.
(Aún así, añoro la continuidad: el salitre, el yodo.




P. D. En ausencia de Nico, las fotos son de mi hermano Toni, que va recuperando su Asturias.

P.D. En ausencia de Nico, la ilustraciones se las debéis a mi hermano Toni.

FOTO DEL MAR ABIERTO

lunes, 16 de mayo de 2011

OCCIDENTE

Últimamente, me he desenganchado de los seriales televisivos, pero estos han venido a mí.
Quiero decir, cerca (relativamente) de mi rincón, con el consiguiente revuelo.





Acaban de rodarse los dos o tres capítulos finales de Doctor Mateo (que no he visto, pese al enclave y al paisanaje) en Grandas de Salime, una localidad del interior por la que tengo especial predilección, con una arquitectura popular muy bien conservada y un afisonomía muy singular.





Y con un Museo Etnográfico más que digno y además, uno de los pioneros.
Un museo que vi crecer (casi literalmente, pues es más de un avisita coincidió que llegaba una furgoneta con.... por ejemplo la consulta de un médico)








Vi crecer ese museo al par que lo hacían mis hijos, disfrutando enormemente.


Según la prensa, el equipo de la película (con Natalia Verbeke) quedó prendado del lugar y de lo bien recibidos que fueron.
Y yo celebro que el Occidente asturiano vaya conociéndose y apreciándose en lo que merece...


http://www.oscos-eo.es/RecursosWeb/IMAGENES/1/0_572_1.jpg








P. D. Ma non troppo.

sábado, 12 de marzo de 2011

ASTURIES PATRIA SIN SOL

Bagaje adquirido en un viaje relámpago.
Quién lo diría hoy desde aquí, con la que está cayendo en Barcelona.













jueves, 9 de septiembre de 2010

ASTURIAS : RETORNOS

Nunca sabré (porque no me preocupa) si me gustan o irritan los títulos tipo "Olvidos de ...", "Retorno a ....", o "Memorias de...", para entendernos. Lo cierto es que a menudo logran detenerme, tal vez porque sugieren la eterna disputa entre lo necesario y/o lo contingente.

Ya de vuelta en Barcelona (¿devuelta a?), y con mi hijo Adrián deshaciendo su equipaje de reciénllegado de Asturias, no sé si recuerdo, olvido o retornan...

- la imborrable sensación de serenidad que sentía tumbada en la arena bajo un tupido artesonado de nubes blancas que ya están dejando de ser porque ahora en la piscina subterránea del Ensanche desde donde las evoco...

- las tormentas de invierno, que alteran drástica y aleatoriamente la fisonomía de las playas; que el mar, en sus envites, arrastra o acarrea arena y entonces la sorpresa y la memoria de la expectación gozosa (o el gozo expectante, no sé) de la infancia, cuando volvíamos a Arnao o Penarronda el primer día de verano...

-el ciruelo japonés que durante tres años hizo caso omiso a su nombre (o a su adjetivo), mostrándose indolente y remiso a... Pero que este año nos recibió cuajado de frutos: diminutos farolillos amarillos que fuimos arrancando con gesto edénico (incapaces de proceder según nos recomendaban los paisanos, que nos ofrecían sus varas y bastones para "sacudir" las ramas y precipitar...).

-el olor de la lluvia tupida y menuda susurrando en las ramas o la repentina violencia de un chaparrón airado y frío.

-que el mar puede volverse plata para después ennegrecer y aullar, maldiciendo;

-las hortensias... algo abandonadas últimamente, más pálidas que nunca ahora que ya no está Miguel, quien cada año me guardaba las limaduras de hierro que, esparcidas sobre la tierra, mantenían su envidiable color azul-violeta

-el escalofrío del primer chapuzón

-la dulce aspereza del yodo y el salitre resecándose en la piel tras el baño y la tentación de lamer y saborear

-el placer del cigarrillo a continuación: lento el placer y persistente, el cigarrrillo

-el sadismo de algunos padres que mantienen a los hijos fuertemente abrazados hasta que estallan en llanto cuando las olas van creciendo

-la alegría de los críos que capturan quisquillas en las pozas o simplemente se meten en sus aguas y descubren que sí, que allí se está tan calentito y...

-la anegada paciencia del más pequeñín rellenando su cubo de arena y haciendo castillos liliputienses porque no le dejan alejarse con los grandes que construyen diques allí donde rompen las olas pero aun así la satisfacción de comprobar que... no se le derrumban y permanecen, las torres de los castillos

-el soniquete de las pelotas rebotando en las palas

-la inevitable carcajada al leer en los periódicos los anuncios sobre Spas y Resorts teniendo delante estas olas: su fuerza, su altura, su insobornabilidad

-los tomates, sin una gota de agua, sin una sola semilla: pura pulpa prieta y carnosa que conserva el aroma de la mata y que las paisanas me cvenden a dos euros (y no a ocho, que me piden en la Boquería)

-el perejil y el romero y el laurel a un paso, sin necesidad de maldecir por haberme olvidado de comprarlos o pedírselo a la pescadera de la Boquería

-las hebillas herrumbrosas de las cangrejeras, que este año debo calzar no tanto por los lariegos cuanto por las piedras, dado que las tormentas del invierno vaciaron la arena de las playas y ¡ay!...

-los mejillones restallantes, que sólo aquí pruebo y saboreo (como los tomates)

-el requesón, que me sale de rechúpate, y que mezclado a mis compotas o al paté de cabracho para rellenar los crèpes (frixuelos o cereixolos, como les decimos allí) hacen las delicias de algunos amigos....

-mis manos arañadas cuando voy a por moras para las mermeladas (de las que se benefician algunos mendas de BCN)

-el MUSTAFÁ, que ahora ya solo alguna señora como mi madre se atreve a airear y usar y, más importante, nombrar

-los claros ojos grises de Pancho, antiguos como el mar, ya sólo sombra

-las cenizas de mi padre flotando (quizás) en un recodo impreciso de la ría (o no: las esparcimos frente a su casa, pero pasa el tiempo y ya no hay barcas suficientes que nos lleven hasta allí)

-el recodo de la ría donde se fotografió Luis Cernuda en el 34 (hoy parte de una senda descuidada, y que lo ignora: ¡Ay, si fuéramos franceses, qué cartelón pintaríamos)

-los chigres de toda la vida, casi desaparecidos ya... y entonces el jardín y el sencillo rito: el aroma de la manzana al esparcirse en ráfagas ácidas

-los tamarindos del parque de mi infancia... cada vez menos míticos porque, esquifidos, ya no se puede decir de ellos nada que los relacione con la elegancia o la opulencia (que no es lo mismo, ya lo sé, Mariano)


-las calas (cuernos, les llamábamos), invasoras pero admitidas porque en invierno, si vengo, son como una luz

-la camelia roja

-el limonero que da frutos todo el año, aunque al principio también tardó el condenado

-Arnao... una playa paradisíaca que fue Campo de Concentración (uno de los más oscuros y crueles: tengo las historias)

-otra aún más recoleta y desconocida, que sólo a vosotros os revelaré: Santa Gadea (hoy de difícil acceso por las restricciones practicadas recientemente, ¡menos mal!, y un remanso inmaculado y tranquilo que conserva en sus aristas un increíble fondo de mar....

-la montaña cercana, este otoño...


P:D. Tengo a Nico pateando Berlín (adonde se traslada a estudiar) en busca de habitación donde cobijarse y no he querido abrumarlo con más tareas. Así que sorry por la ausencia de ilustraciones.

lunes, 9 de agosto de 2010

ROMANTICISMOS: SEARES


Leo un cuento del escritor estadounidense Leonard Michaels que incluye una estupenda parodia de las novelas de intriga histórica (llamésmoslas así) a propósito de una titulada Las brumas de Shanghai y.... recuerdo casi el único día brumoso de este atípico verano.



































Era domingo y acompañé a mi madre a la misa que ese día se celebraba en su pueblo natal, más bien una aldea: Seares. Como el cura se retrasó y el acto se prolongó, la espera nos permitió pasear ampliamente por los alrededores y mi hijo Nico sacó varias fotos.
Yo recordaba una leyenda, de la que alguna vez hablé (moderadamente) en mis clases de Romanticismo. Lo justo y necesario para justificar mi escepticismo (si no socarronería) respecto a según qué hitos de nuestros vates melenudos.
Y es que, desde mi más tierna infancia, estuve familiarizada con el famoso poema que le oía recitar a mi madre (como hizo hace unos minutos, cuando nos oyó a Nico y a mí manipular en este cacharro para pergeñar la entrada), qye me parece tan o más digno que tantas composiciones celebradas.



POEMA DE LA SEARILA

Solitaria mansión del sepulcro.
Solo en ti mi esperanza se encierra.
Que, perdido mi amor, es la tierra.
Un abismo de mal para mí.
Negro abismo, que ahoga implacable
En un mar de tristezas mi alma.
¡Qué de Dios la piedad me de calma!
¡Ay, Searila, reuniéndome a ti!

Un profundo clamor en mi pecho,
Que te llama y evoca constante,
Sin que pueda acallarlo un instante
De mi vida angustiada y febril.
Espantosas tinieblas me cercan
Y entre ellas venirte a mi veo.
¡Fantasía! ¡Ilusión del deseo!
¡Que, ay, Searila, no vienes a mi!

Cuantas veces gozosa conmigo,
Embargada de amores suaves,
Escuchaste el cantar de las aves
En las dulces mañanas de abril!
Poco tiempo duró nuestra dicha,
¡Y cuán presto acabó mi fortuna!
Pues no quiero tampoco otra alguna
¡Ay, Searila, viviendo sin ti!

Pavorosa visión yo recuerdo
Cuando trémula tú me decías
Que en fatídicos sueños veías
De tu tumba la lápida abrir.
Del destino, cruel anticipo,
Que alejaba de mi la alegría,
Se cumplió la fatal profecía,
¡Ay, Searila, pues vivo sin ti!

En tus brazos morir,¡qué consuelo!
Conmovida otra tarde dijiste,
¡Infeliz! Y siquiera me viste,
Expirando apartada de mí.
Niña aún y tan sola muriendo,
¡Cuán amargo el morir te habrá sido!
Sin oír el acento querido!
¡Ay, Searila, anhelado por ti!

jueves, 21 de enero de 2010

ASTURIAS: AVILÉS

Fui a Asturias en plan ida por vuelta, en visita de obras.
Reformamos nuestra chabolita en la confianza de que, debido a la crisis, nuestra land no se convierta aún en una nueva Marbella del Norte, como en su día cantaba Sabela en su "Playa de Sanxenso".





Bien, como no había disfrutado de las vacaciones navideñas (ya contaré detalles) había alargado el weekend astur en la confianza de poder desplazarme a Santa Maria del Naranco y San Miguel de Lillo y visitar esas ¿joyas? (son tan austeras) de nuestro románico, pero me falló el enlace y... me quedé un par de días en Castropol, acogida por unos buenos amigos, dado que nuestra chabolita.... estaba impracticable, como por sus radios decían los grises de ciertas calles cuando había manis...






Hubo viento y lluvia y frío, pero también sobró tiempo para pasear por las playas: Penarronda y Arnau, ya sabéis.
Dado que prolongué la escapada un par de días, hube de regresar sola al aeropuerto (a diferencia de la ida, en que alquilamos un coche), dependiendo del transporte público (los Alsa). Entre una cosa y otra tuve bastantes tiempos muertos.
D
e Castropol a Avilés viajé entretenida con los comentarios de las gentes asiduas a esa ruta y a un horario fijo (trabajadoras domésticas o enfermos que iban al Hospital de Jarrio) y sobre todo con la charleta del veterano conductor que llevaba a su lado al joven que iba a relevarlo y ocuparse de su ruta. Aparte de hablar de la vida en general, el veterano le instruía picarescamente sobre radares, trucos y... ¡ojo aquí!, que esto lo ponen pa pillarnos.







Llegué a Avilés a mediodía y comí en la Sidrería "El Paxaru Pintu", ubicada frente a la estación de autobuses y de Renfe. Por 8 euritos (lo que costaba el menú) me sirvieron una gran fuente de ensalada (que no quise que fuera mixta, aunque es lo que se ofrecía)
, una sopera de lentejas "al paxaru" (de la que me serví sólo dos platos) y una fuente de carne estofada (llámesele fricandó). Dado que el postre sugerido no me convencía -melón-, me ofrecieron alternativas varias, y me tomé un yogurt.
Entre plato y plato hojeé "La Nueva España", y héte aquí que me enteré del pasado de un casi paisano: Horacio García, fundador de una empresa superexitosa, PANTARAMUNDI, que sirve pan a media Asturias y que ha contribuido a convertir ese encantador núcleo rural (era una especie de Las Hurdes) en marca con denominación de origen (aparte quedan, históricamente, las navajas).





Taramundi es un bellísimo enclave montañés donde, para mi alegría, se refugia, algún verano, Antonio Gamoneda, y entonces nos visitan Amelia y Folo y hablamos de poesía y otras incoveniencias.

Horacio García, arrancado de aquella miseria, emigró a La Haban y tras la Revolución del 59 fue nombrado Jefe de Compra de la Compañía Química Básica. Conoció al Che en su etapa de Ministro de Industria y la mítica foto del guerrillero sigue presidiendo el salón de su casa.. Pero cuando ya en los setenta y puesto que de la Revolución..., pues decide regresar. Tenía que hacerlo sin sacar dinero del país. Hasta que le resuelven el expedienete, sobrevive fabricando sandalias de mujer.
Regresa a Taramundi y pone en marcha la panificadora. ¡Qué hogazas...!






En "La Nueva España" leí muchas otras cosas de interé local, pero decidí irme a pasear apaciblemente por el casco histórico de Avilés, que no pisaba desde hacía mucho tiempo, en esa hora de la sobremesa o la siesta en que todo se aquieta.
Me alegró ver crecer y revivir el casco viejo (mucho más grande que el de Oviedo, por cierto), y pese a las sangrías que sufrió en los setenta: las recuerdo bien. Disfruté viendo rehabilitados algunos de sus edificios más emblemáticos (con lo que todo esto conlleva en la regeneración del tejido social y vital, pese a la crisis), y me detuve ante "La Monstrua".



Luego, zigzagueé por el Parque, con su quiosco y sus héroes.

Después aún tuve tiempo de vagabundear a discreción y...
Se me acerca un yonqui, me pide 50 céntimos para el billete del autobús, que van a casa de sus padres a por una bolsa de comida pero le falta el dinero para el billete de ésa...
Ésa estaba a tres pasos, pero le pude ver los ojos, la mirada turbia y vidriada y el peso en los hombros.
Nada más darles el billete, un renacuajo cincuentón (más o menos igual de acabado, quizás por el alcohol) me espeta o recrimina:
-Señora, pa qué les da dinero a ésos. Ésos con los terroristas, p'allá.






Bien, hace ya algunos años que estoy algo familiarizada con ciertos resabios kafkianos o surrealistas de mis paisanos. Concretamente desde que leí una pintada que decía Franco yera gallegu. Asturias nun ye España. O cuando vi que Ana María Matute o Julio LLamazares se traducían al bable. Sólo que en todos esos casos me faltaba el humor, elemento imprescindible para asimilar el absurdo.

Luego me acerqué a inspeccionar otras obras: el futuro Centro Niemeyer, donde se faena a base de bien.







Vi el edificio de recepción de los futuros visitantes y la programada pasarela de acceso al recinto... Vi las ingentes masas de tierra removida, el esqueleto de hormigón, las máquinas... y recordé las polémicas recogidas en la prensa local.
Regresé lentamente a mi punto de partida bordeando la ría.







Allí, a media tarde, el cielo estaba encapotado pero sería aquí, en la ciudad, donde una lluvia sucia me esperaba.

Todo un pronóstico.







martes, 7 de julio de 2009

ASTURIAS


No es una de mis canciones favoritas, no al menos al principio (me molesta esa impostura "yo soy un hombre del sur" y el modo enfático y casposo de pronunciar la "V"). Pero admito que a veces la escucho, más que nada por la segunda mitad y el final....
A ver si este verano consigo que una amiga cante "La mina de La Camocha" y grabarla en registro aceptable.

domingo, 3 de mayo de 2009

GIJÓN x GUELBENZU

Casi nunca paseo por Gijón, pero recientemente sí lo he hecho.

Y si durante mucho tiempo caminé por Oviedo recordando páginas de Clarín o de Dolores Medio (por no hablar de los ilustres viajeros que nos dejaron sus crónicas), en Gijón, solía recordar los poemas que César Vallejo le dedicó a la ciudad "caída" en España, aparta de mí este cáliz (noviembre de 1937):

Varios días el aire, compañeros,
muchos días el viento cambia de aire,
el terreno, de filo,
de nivel el fusil republicano.
Varios días España está española.

Varios días el mal
moviliza sus órbitas, se abstiene,
paraliza sus ojos escuchándolos.
Varios días orando con sudor desnudo,
los milicianos cuélganse del hombre.
Varios días el mundo, camaradas,
el mundo está español hasta la muerte.

Varios días ha muerto aquí el disparo
y ha muerto el cuerpo en su papel de espíritu
y el alma es ya nuestra alma, compañeros.
Varios días el cielo,
éste, el del día, el de la pata enorme.

Varios días, Gijón;
muchos días, Gijón;
mucho tiempo, Gijón;
mucha tierra, Gijón;
mucho hombre, Gijón;
y mucho dios, Gijón,
muchísimas Españas, ¡ay!, Gijón.

Camaradas,
varios días el viento cambia de aire.

Por fortuna, ahora también puedo recorrer Gijón con otra memoria, porque esta vez, irremediablemente, me dejé llevar por el descubrimiento de la ciudad que hace Mariana de Marco, la estupenda juez-detective del nuevo ciclo narrativo iniciado por J. M. Guelbenzu (autor tan devoto del "cholo" Vallejo como su Mariana lo es de Flaubert). No sólo porque no abunden las obras que tengan por escenario a “la pequeña Barcelona” (como se llamaba a Gijón durante el –allí- corto verano de la anarquía), sino porque en Un asesinato piadoso recorremos el Gijón de hoy.





Lógicamente, no hablaré de la protagonista de todas estas novelas, la juez Mariana de Marco, que ha ido creciendo y agrandándose a ojos del público lector (que también crece y crece), no sólo en el plano profesional, al pasar de un primer destino en San Pedro –una pequeña villa costera cántabra- a Villamayor –una población mediana, situada en el interior de la provincia aunque próxima a la capital- y ahora a Gijón. Ni tampoco hablaré de la intriga, con el deliberado propósito de estimular la sana curiosidad del lector.


Pero sí hablaré de Gijón vista por Guelbenzu: una ciudad de provincias, pero una población activa y moderna, portuaria, con un importante tejido industrial y comercial; nuevo escenario que Mariana recorre y explora, dando así cabida en las páginas de la novela a finísimos pasajes donde se explora el pulso de la ciudad y las transformaciones urbanísticas recientes, aspecto éste –la plasmación de los espacios, el dibujo de atmósferas y ambientes- donde reencontramos al mejor Guelbenzu.
¿La prueba? Sólo un breve párrafo (dado que no me siento Bartleby):


"Prefería correr por la playa, salvo que hubiera pleamar, porque el Paseo Marítimo le gustaba sólo a medias. La ciudad se abría al mar con amplitud y belleza y le encantaba todo el interminable barandal de hierro forjado y los accesos a la playa, con sus escaleras nobles y su aire finisecular; pero del otro lado del paseo y los árboles, los viejos edificios que albergaron las relaciones de la ciudad con el negocio del mar habían sido sustituidos por los muy vulgares edificios levantados en los años del desarrollismo, feos cubos llenos de ventanas, atacados por el viento y el salitreque los deterioraba en vez de ennoblecerlos como ciudad portuaria y que se alzaba como una ofensa al gusto por la tradición. Los sesenta fueron años en los que el dinero zafio confundió lo antiguo con lo viejo y derribó la vieja nobleza tradicional de navieros y consignatarios para convertirla en hormigueros de cemento y ladrillo. Tan sólo algún edificio antiguo sobrevivía para mostrar lo que fue y lo que era el paseo, como un reproche orgullosos y resignado a la vez”
(J. M. Guelbenzu: Un asesinato piadoso. Alfaguara, 2008, p. 67)

Lo dicho: que como no me siento Bartleby, pues no prosigo… Estas breves líneas retratan muy bien la conmoción de quienes, habiendo conocido cierto Gijón amable, se lo reencontaron después… irreconocible. Por fortuna, Guelbenzu en su novela recoge su reciente renacer.


Otra invitación a la lectura, como siempre.

lunes, 13 de abril de 2009

ASTURIAS

Hay palabras que parecen estar amarradas a un paisaje. Son nombres comunes, en principio no privativos de nada ni de nadie, y sin embargo retornan sólo ante la evocación de los lugares propios. Palabras como braña, cantiles, atalaya, yodo, hoces, cetáreas, tejo, pastizal, carbayo, fresno, acebo, brezo, hulla, guadaña, garabullo, currucas, gaviotas, mirlos, chigre, mirador, casona, hortensias, hórreo, lagar, rúa, desfiladero, xanas… Palabras prendidas a imágenes: fijas, unas; uncidas a los vaivenes del tiempo, otras. Palabras preñadas de olores y sabores y sonidos y tacto, y palabras que también tienen su color, pues siempre hay uno que predomina sobre los demás. Palabras que a veces retornan enlazadas las unas con las otras: guindas enredadas en sus pedúnculos o algas arrastradas hasta la orilla del mar, aunque otras veces nos llegan sueltas, como el ganado esparcido por praderías y valles o las aves que sobrevuelan las cumbres y revolotean entre los acantilados.


Ya se ha dicho que hay muchas Asturias y quizá por eso, independientemente de cuál sea la dirección de nuestro recorrido –de oeste a este, o al revés; de norte a sur, o al contrario-, siempre nos queda la impresión de haberla atravesado a rachas, en oleadas o capas que se ocultan y a la vez se entreveran, que se suplantan y al mismo tiempo se suceden y prolongan.
Vuelvo a Asturias desde otro lugar, pero nunca la siento tanto como cuando me marcho de ella o la abandono para regresar aquí. Y no por melancolías (que también), sino porque durante muchos años el viaje a Asturias lo hice desde su extremo occidental, siguiendo el camino de la costa. Luarca era parada obligada, como si a partir de ahí empezara en realidad el viaje. Atrás quedaba una suave línea recta y después la carretera iba serpenteando el litoral por cuestas y pendientes muy pronunciadas. La propia villa luarquense tiene esa configuración abrupta y a ratos recóndita, colgada como está sobre una verde ladera salpicada de casas que se van escalonando hasta casi el borde del mar. Deambular por Luarca propicia ensoñaciones como la pesca de la ballena en las costas astures, recordada en la cerámica de la plazuela de la Mesa. (¿Será por ese rastro atávico por lo que no me canso de Melvilla?) Y nos descubre puntos no menos inquietantes y evocadores, como la Fuente del Brujo o el Puente del Beso. Y una atalaya, el ojo vigilante tan presente siempre en las inmediaciones de los pueblos costeros de Asturias. En Luarca, además, toda la vida –la de la tierra y la del mar- se divisa desde el cementerio –nada fúnebre, de tan blanco, y con bellas esculturas-, situado en la parte alta y extrema de la villa, junto a la Ermita de la Virgen Blanca. Luarca es una anticipación -o un feliz remate- de los pueblos que irán sucediéndose a lo largo de este trozo de la costa astur, pueblos de un pintoresquismo de difícil calificación –pasarán por Cadavedo, con la placa oficial que certifica sus encantos-, con playas imborrables como la Concha de Artedo, la de Sanpedro o la del Silencio. Cada rincón cuaja de un modo distinto su singular belleza. Como debe ser.
En Cudillero es el bullicio de la rúa al atardecer mezclado a los olores del pescado fresco (las sardinas, predominantes) asándose en las parrillas y al del serrín regado por los culines de sidra en los chigres o vertidos directamente sobre los adoquines del muelle.
Más arriba está el sosiego de El Pito, con el impresionante Palacio de los Selgas y las sorpresas pictóricas que éste alberga en su interior.


Muros del Nalón –refugio de pintores románticos en el XIX- y San Esteban de Pravia –no olviden este pueblín a orillas de la ría, testimonio del esplendor de los tiempos del transporte fluvial y donde también viví algunos veranos adolescentes- y San Juan de la Arena –famosa por sus angulas, y no tanto porque el gran Rubén Darío la frecuentase algún estío, ¡ay!- conforman un núcleo muy peculiar, con el alto paseo de los Miradores, una ruta recientemente domesticada –urbanizada- desde la que se avistan los ásperos acantilados y las recatadas playas de abajo.
Después vendrá el cabo de Peñas, otro hito de violencia marina -o de orgullo-, con sus cantiles tallados contra el azul o el gris del mar, según la hora. Luanco y Candás son otras villas de sosiego para el paseante y deleite para el gastrónomo –destacando el pixín, el rape-. Hay en ellas, respectivamente, un Museo Marítimo con bellas maquetas navieras y una ermita con un Cristo milagrero repleta de exvotos que, de niña, me fascinaban-atormentaban.


Ermitas y enigmáticas iglesias prerrománicas –la de Sta. Cristina, en las inmediaciones de Pola de Lena- y exhuberantes casonas de indianos, con llamativas palmeras y otros caprichos, y palacios del XVII y del XVIII, y colegiatas y monasterios y hospitales para peregrinos –en la ruta astur del Camino de Santiago, que discurre junto al mar, como en Soto de Luiña, o se repliega hacia el interior, como en Salas, con su riqueza arquitectónica -más los deliciosos “carajitos del profesor”, hechos de avellanas- y cuevas prehistóricas –la de la Peña, cercana a Grado-, y entrañables casas de arquitectura popular, siempre impredecibles en sus formas pero en las que nunca faltan las galerías y los corredores de madera encristalados… Todo eso salpica la franja intermedia de esta Asturias central, de vegas fértiles y huertas regadas por el Narcea y el Nalón (un río salmonero, recientemente saneado) en la que se anticipa -o hasta donde alcanza, si es que venimos desde el sur- la Asturias negra y mineral: la de la hulla y el carbón y detrás –o antes- la de la montaña.
Hay en ella hoces y desfiladeros, como el de las xanas, esas amables criaturas de nuestra mitología, pequeñas, casi transparentes de tan blancas, bellas ninfas de los ríos y las fuentes, que también habitan en las cuevas y los bosques, donde los avellanos y el carbayo (roble) y los fresnos. Y numerosas sendas, como la del Oso, trazada sobre un antiguo camino de hierro, entre Tuñón y Entrago, y ruta ecológico-etnográfica. Por aquí aún se ven algunas brañas, aquellas humildes casas con techo de paja que fueron morada invernal de los vaqueiros. Y corros, viejas cabañas circulares de pastoreo, por los alrededores de Teverga. Y cordales, en el antiguo Camín Real de la Mesta, que comunicaba Asturias y León siguiendo el trazado de una primitiva calzada romana que pasa por el Puerto de San Lorenzo.
Sí, vale la pena zigzaguear y descubrir los paraísos posibles.

Y algún día hablaré del que es más mío, un trocito casi perdido, por donde anduvieron, en el 32 y el 34, con las Misiones Pedagógicas, Lorca y Cernuda. ¡Nada menos!