domingo, 1 de enero de 2012

SARCASMO

Aún sin gran clarividencia y con escasa o nula lucidez, dadas las circunstancias que han concurrido estos días (y que detallaré en una próxima entrega), y pese a los Fastos habituales de estas fechas...
me atreveré a interpretar la foto-fija del pasado viernes (¡tan reiterada!), dado que sigue desvelándome (es un decir, dado que los horarios y los hábitos se rompen ineludiblemente, malgrè tout).
A ráfagas, y pese al ajetreo doméstico-familiar (a mí me toca el Fin de Año y el Año Nuevo), cada vez que enfocaba un espacio rectangular (el horno, a fin de comprobar cómo evolucionaba la pierna de cordero; un estante del frigorífico para ver si cabía otro tupe más con las viandas sobrantes o faltantes; el colchón que hay que preparar para las visitas...), volvía, impertérrita la IMAGEN:


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Y como la persistencia (que no la perseverancia, que se consideraba virtuosa) es síntoma inequívoco de obsesión, filiación, preocupación, fobia et altri..., decidí interrogarme.
No saqué mucho en claro, la verdad (no soy Millás). O al tema no le dediqué el tiempo y la energía necesarios (en la soterrada creencia de que, acaso, el asunto tampoco lo merecía), pero es lo cierto que los sucesivos vavivenes o involuntarios retornos del asunto (tema) estaban indefectiblemente etiquetados con un gran letrero que decía


PERPLEJIDAD


Se entiende que la perplejidad era mía.
Y no es que me acabe de caer del guindo.
Es que me esfuerzo en ser "positiva" (que dirían algunos), dado que sé lo que se nos avecina. E intento fomentar la risa (inteligente): practicándola o recomendando algunas lecturas (que las hay).
Y en combatir... ya no sé muy bien qué. Pero... al menos la Imperturbabilidad:
-el flequillo escorado de Soraya (habremos de familiarizarnos y empezar a comportarnos según la conducta antigua: economizando) amparando, aún más si cabe, su rigidez;
(Como madre, debo confesar que en los últimos tiempos de acoso y derribo sentía piedad por un feto que sin duda recibiría por pasiva un porcentaje -espero que mínimo- de bilis y veneno; ahora aún lamentaría más cosas, sin duda..... ¡Quévoracidad1)
-los ricitos engominados de Montoro, escondidos tras la nuca;
-los labios resecos y rosados del De Guindos, que parece recién llegado de las pistas de esquí;
-la dura asimetría (tan bien disimulada) de Fátima Báñez, cuyos ocultos colmillos (los tiene) crecerán y se harán visibles.


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Así que siguen presentes.
Intento un jercicio de catarsis y ¡ay! que sólo se me viene esto a la cabeza...





P.D. ¿Resistiremos?
Espero que tras este relato entendáis por qué no podía brindar... inocentemente y sin matices.
Aunque a todos vosotros os deseo UN VENTUROSO 2012


martes, 20 de diciembre de 2011

KOROLENKO (BIS)

Nos anuncian el fin del año ruso-español (o como se diga).

Y sin embargo...
Yo sigo aún perseverando en... la magia, la alegría, el gozo, la sorpresa y el... ¡ay, dolor! -que oportunamnete exclamaría un romántico quejumbroso de escuela-...
(Porque no puedo abarcarlo todo... todo lo extraordinario que está saliendo)
Y románticamente me acogería al lamento del tiempo, ya que...
En estos días de miseria y mezquindad (supuestamente) ha sido tan generoso el esfuerzo de algunas editoriales por acercarnos lo desconocido...
Os hablé de Korolenko y de su novela "Sin lengua".




http://www.biografiasyvidas.com/biografia/k/fotos/korolenko.jpg


La curiosidad sana por este autor pre-Gorki que nos descubrió una editorial "pequeña" (¿Cómo calibrar ciertas dimensiones?) ha llevado a... que aparezca casi simultáneamente traducida otra obra de este escritor, "El músico ciego".
A Korolenko yo no lo hubiera conocido sin esa otra obra fundamental, de modo que...







Me he llevado esta novela a Madrid, ansiosa de acompañar poesía y pintura (¡qué romántica! ). Y es que hay un romanticismo latente en esta obra.

Más que la decepcionante muestra del Ermitage... me entusiasmó (pese al desencanto anunciado) la muestra "La caballería roja" (magnífico el título de los cuentos de Bàbel, años ha traducidos en Galaxia Gutemberg, por cierto), donde podemos ver un documental sobre la muerte de Gorki..
Pues bien, Korolenko es un pre-Gorki, y en su novela, "El músico ciego" hallamos múltiples formas de expresión de lo que el romanticismo tuvo ... y mantuvo.
Es una delicia seguir todo el proceso que desvela y narra Korolenko en esta novela tan aparentemente sencilla. Es conmovedor el pasaje en el que la madre descubre la ceguera de su niño, pero es toda una lección (y un estímulo) verlo desenvolverse y buscar, tal vez porque
"hay criaturas que parecen predestinadas a realizar la modesta hazaña de amar en medio de penas y dificultades, personas para las que la preocupación por las amarguras ajenas constituye una necesidad orgánica, como el aire"·.

martes, 13 de diciembre de 2011

ESCARAMUZAS

El viernes pasado se quejaba Juan José Millás en su columna habitual de El País ("Pánico") de la verdadera m... que fue esta semana llena de domingos con sus tardes, y mentalmente yo me sumaba a su protesta sólo que despotricando de los interminables lunes de la misma semana.
¡Sniff!





Por fortuna, esa peculiaridad no logró anestesiarme del todo y conservé el instinto necesario para elegir una lectura acorde a ese calendario fragmentado, irregular, casi desasosegante...
Fue el tomito Escaramuzas, que reúne el dietario que el poeta "novísimo" Martínez Sarrión acaba de publicar (en Alfaguara) y que recoge sus anotaciones, apuntes, reflexiones, diatribas, observaciones, lecturas, impresiones o inquietudes, inquisiciones (es muy borgiano él), visiones cinematográficas o el puntual análisis del presente que abarca otra década más (¿ominosa o prodigiosa?), la que corre desde el 2000 hasta...




Sarrión, como suele llamársele, me acompaña desde mi juventud (no deja de ser otro de mis hermanos mayores -como les llamo a esa generación-, si bien algo más mayor que otros): su poesía (una buena muestra de ella reunida en El centro inaccesible un título programático), sus traducciones (vieja edición de Les fleurs du mal, en La Gaya Ciencia), sus memorias: magnífico el primer volumen, Infancia y corrupciones (lo destaco fue la primera vez que leí al Sarrión prosista o relator), al que siguieron Una juventud y Jazz y días de lluvia.






Si la memoria no me traiciona, conocí a Sarrión (valga decir me interesé por él, me puse a leerlo) gracias a José María Guelbenzu (y no tanto al antólogo Castellet: las cosas como son). No en vano Sarrión es personaje de la ¿autoficción? que hay en El mercurio....
No, no me falla la memoria, ni la paciencia.
Esta vez sí me he levantado.
Y, en efecto (que se diría), Guelbenzu (sí, Guelbenzu como personaje: autoficción, que se dice ahora, y que es cosa tan antigua) y Jorge Basco, en su último deambular por Madrid, al entrar en el Whisky Jazz, encuentran, entre otros seres carnales, "a Antonio Sarrión en un recodo de la barra, aferrándose con las piernas a la banqueta en el alcohol de la madrugada, recita a Cavafys, y saluda, saluda a Alejandría que se marcha, dispersos fragmentos". (págs. 385-386 de mi edición)







Dispersos fragmentos...
Posible título para una hipotética reseña comme il fault de estas escaramuzas que me han acompañado en esta semana guadianesca.
No voy a sorprenderme de las correspondencias dada la antigüedad de mi relación lectora con Sarrión, pero sí agradezco estímulos y verificaciones.
Su firme defensa de quienes deberían seguir siendo (no para mí, que lo fueron siempre, sino en adelante, para los jóvenes no infatuados de moderneces prescindibles) una referencia necesaria y un bastión: los cuatro grandes del 98, cada uno a su manera: Azorín, Baroja, Valle y Unamuno... siempre presentes en estas páginas, con menudas (inmensas) apostillas en las sucesivas lecturas.
(Y por cierto que cita el fragmento de Valle-Inclán sobre sueños y revolución que yo traje a estas páginas en fecha no lejana).
El continuo retorno a la poesía de Claudio Rodríguez: algunos de sus versos presiden mi Ciudadanos.
Las sugerencias plásticas o las propuestas filmográficas (de las que tomo buena nota).
El debido homenaje a una mujer que me doctoró doctoró doctoró, impidiéndome ciertas delicuescencias (otra palabra que aparece más de una vez en estas páginas y que creo saber de dónde procede), ROSA CHACEL. Aparece más de una vez (como su gran amigo Juan Gil-Albert), pero citaré una página en que Sarrión se explaya sobre su "bestia negra", en la vida y en el arte, y que no es sino "la noñez o ñoñería, modo específicamente burgués o pequeñoburgués, que se cocina con variables dosis de respetabilidad, mal entendido decoro, gusto atroz, blandenguería y simulación hipócrita" y... Sigue concretando Sarrión y luego concluye, en lo que nos atañe: "Tengo por los mejores prosistas españoles contemporáneos a aquellos donde la ñoñez está por completo ausente, es decir, a Baroja, a Solana, a Chacel, a Aldecoa, a Benet, A Ferlosio" (pág. 86).





Podría seguir citando muestras de las afinidades electivas y también de algunas discrepancias (a la hora de cifrar Sarrión la afinidad política de algún próximo). Y hasta podría regodearme reproduciendo las pifias que él le señala a un excelso crítico y profesor universitario a propósito de una reseña del mentado sobre los Artículos de Carlos Barral. Pero no es cosa de agotar una lectura (o estrecharla) en mera enumeración.
Sí me voy a dar el gusto de reproducir unas líneas que corresponden a la anotación que sigue a "los grandes acontecimientos de marzo de 2004" (atentado de Atocha, vísperas electorales), cuando Sarrión confiesa que se estremece de horror imaginando que Rajoy hubiese sido elegido Presidente del Gobierno. Y lo retrata así:
Este sujeto, casi invisible en su etapa de ministro e incluso en la campaña electoral, durante la tarde del sábado de reflexión electoral tuvo el tupé de asomarse a la televisión desprovisto de máscaras y cautelas. Y jamás, jamás en toda mi vida tuve una más intensa vivencia de lo que es el punto supremo de lo torvo, lo lúgubre, clerical y servil. Detestándolo también, prefiero mil veces a Aznar, reaccionario feroz, mentiroso, taimado y chulo, pero sin esa capa de repulsiva ranciedad de su lacayo". (pág. 101)

P.D. Deliberadamente omito cualquier posible ilustración.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

REFLEXIÓN

Dicen que el mundo cambia a una velocidad de vértigo.
Quizás el mundo material (las máquinas), sí. El animal, incluido el ser humano, poco.
Medito y reflexiono. Y en el silencio sabatino... leo.
A un clásico: Cicerón.






Leo su "Breviario de campaña electoral", un delicioso opúsculo redactado en el 64 a.C., cuando Cicerón competía por el consulado contra otros cinco o seis opoentes. Redactado en forma epistolar (consejos del hermano menor Quinto a Marc Tulio), empieza justificando la necesidad o conveniencia de enviarle estas líneas, dado que "por mucha fuerza que tengan por sí mismas las cualidades naturales del hombre, creo que, en un asunto de tan pocos meses, las apariencias pueden superar incluso esas cualidades.
De modo que se propone -con orden, método y unidad- darle algunas ideas.
Naturalmente, hay aspectos algo extensos para reproducir aquí brevemente (como el referido al séquito que debe acompañar al candidato, una de las perlas del Breviario, de modo que citaré un par de ejemplos. Uno de carácter general:

.... hay tres cosas que conducen a los hombres a mostrar una buena disposición y a dar su apoyo en unas elecciones, a saber, los beneficios, las expectativas y la simpatía sincera, es preciso estudiar atentamente de qué manera puede uno servirse de estos recursos.

Y
ya hacia el final, la conclusión:

Procuar que toda tu campaña se lleve a cabo con un gran séquito, que sea brillante, espléndida, popular, que se caracterice por su grandeza y dignidad, y, si de alguna manera fuera posible, que se levanten contra tus rivales los rumores de crímenes, desenfrenos y sobornos....





CICERÓN: Breviario de campaña electoral. Trad. de A. de Riquer. Barcelona, Acantilado, 2003, pág. 45 y 81.

lunes, 14 de noviembre de 2011

OLDIES

Debo admitir que la literatura, entre sus múltiples beneficios, además de ayudarme a aprender, me obliga a recordar.
Con las obras de José María Guelbenzu, aprendo lo que no tiene nombre.
Y a la vez recuerdo.




Últimamente ando atabalada con la edición (crítica) de una de sus descollantes novelas: El río de la luna (1981).
Tras leerlo desde cría y haberme currado a fondo la edición de su novela fetiche El mercurio (todo un referente generacional), la parte literaria (quitado el reto de "explicar" lo diseccionado), en general, no me desvela.
Pero en lo que atañe a las referencias musicales... ahí sí que aprendo y recuerdo.
Jamás sospecharía, por ejemplo, que "El humo ciega tus ojos" era mi "Smoke gets in your eyes".
¡Ah, Mis Platters!
Escuchados pertinazmente en California, hacia 1974-75 (allí, el Only you, por aquello de los años y la distancia).






Y luego en el Berlín de los primerísimos ochenta, cuando los punkis (ya muy clásicos en los escenarios subterráneos), a poco que los turistas se dispusiesen a fotografiar sus coloreadas crestas, les arrojaban un "eine mark" tan conminatotio como el disparo de la ¿Nikon?




Aún conservo la vieja cinta de un cassette que lleva en su lomo la etiqueta "Oldies", regalo de un amigo entrañable, Uli, que una vez me dijo I like the way you move.
Pero yo sabía que pensaba en ....




Pues nada, que sigo con la música.
Próxima estación: Los Panchos.





También en El río de la luna, de José María Guelbenzu.
Próximamente!

viernes, 4 de noviembre de 2011

MÉDICOS

Los médicos siempre están presentes en nuestras vidas: la certifican al principio y en su fin.
Como sabéis (o no tanto: creo que no transciende lo debido), lamentablemente, en Cataluña los médicos están ahora más presentes que nunca en nuestra vida cotidiana y son pasto de la actualidad, debido a las desgraciadas medidas que los gobernantes autonómicos están decretando.
(Omito referirme a las recientes declaraciones del conseller sobre la salud).

Boi Ruiz: "La salud depende de uno mismo, no del Estado" · ELPAÍS.com

En mi caso, los médicos me acompañan también en (o desde) la literatura.
Últimamente, de una forma algo pesarosa, pues mis compromisos docentes me obligan a leer páginas dieciochescas y... sabido es que el XVIII fue el siglo de la crítica tanto como el de la sátira.
En las lecciones a sus eruditos violetos, Cadalso prefiría omitir dos materias: Derecho y Medicina.
Porque teniendo hacienda y gozando de buena salud..., mejor conservarlas.
No voy a levantarme a buscar el tomito porque ahora estoy con el impar Torres Villarroel, y con su Vida, que sí tengo sobre la mesa.





En el trozo segundo de la misma, cuando relata sus apicaradas andanzas, cuenta que hubo años en que "sembraba unturas, plantaba jarabes, injería cerotes y rociaba con todo el agua y los aceites de mi recetario, a los crónicos, hipocondríacos y otros enfermos impertinentes, raros y cuasi incurables".
(Lo que por cierto me recuerda las declaraciones del ínclito Duran i Lleida sobre ciertos remedios).
Pero sigamos con Torres Villarroel, que enseguida hace balance: "En orden a los sucesos tuve mejor ventura o más seguro modo para lograrlos favorables que el Hipócrates; porque a éste y cuantos siguieron sus aforismos y lecciones, se les murieron muchos de los que curaban, otros salían a puerto y otros se quedaban con los achaques. De mis emplastados y ungidos ninguno se murió, porque las recetas no tenían virtud para sanar ni para hacer daño".
¡Ay, ay, ay...!
Convengamos al menos que la la ciencia hipocrática, el estado de la farmacopea vigente y ciertas nociones dietéticas favorecieron al poco los extravíos románticos.




Pienso en los médicos, tan presentes en mi vida y en mi/la literatura.
Y estas Navidades es seguro que voy a regalarles a Arnau y a Iria (estudiantes de Medicina) los cuentos de Mijaíl Bulgákov que pertenecen al ciclo "Notas de un médico joven" (porque hay más Bulgákov que "El maestro y Margarita", aviso), basados todos ellos en experiencias reales del autor durante los años que ejerció de médito rural en la provincia de Smolensk.
Es una delicia leer sus múltiples bautismos de fuego, las pesadillas que lo asaltan: cómo el médico recién salido de la Facultad reacciona ante el primer parto o la primera traqueotomía que se le presentan, hojeando apresurado las ilustraciones del manual y comprobando al poco que "la lectura trajo sus frutos: todo se confundió definitivamente en mi cabeza y en un instante me convencí de que no entendía nada...". Y cómo tiene que luchar contra "el medio": las supersticiones de los campesinos, que escucha sintiéndose un embrujado, y que en algún caso, como el de la campesina a la que le receta belladona y... continúa con pupilas normales. Hasta
que al joven doctor le explican que "cualquier artista como ésta va a la clínica, le recetan una medicina y luego, cuando llega a la aldea, convida a todas las campesinas".




El libro incluye (lo dejo para el final) el relato autobiográfico de la dependencia de la morfina, de la que Bulgákov, a diferencia del personaje al que transfiere su via crucis, que se suicida, logró salvarse. Para el bien de la literatura.




Para mis otros amigos médicos adultos, ya más cuajados, les reservo la novela Doctor Glas, del escritor sueco Hjalmar Söderberg, que plantea conflictos éticos de muy diversa índole y envergadura.
Admito mi fascinación/interés/pánico por la raíz nihilista que puede llegar a anidar en el fondo de cualquier ser qualunque dado que sobre eso, quizás, sólo la literatura nos ha mostrado (¿enseñado?) su faz más temible. Y aún así.
Y sin embargo... lo prodigioso de la novela de Söderberg es, además del conflicto ético que plantea (soy deliberadamente enigmática), ver cómo lo levanta sobre el clásico entramado decimonónico del adulterio, tan desgastado (literariamente hablando), por otra parte.
Es decir, que en una novela que, en apariencia y a priori, se articula sobre los grandes (gruesos) trazos de la vida burguesa, de repente... ¡accidente!
Por momentos, es brutal. Y nietzscheana.




Me sonroja hablar de ella si consideramos que la precede el magnífico texto de Gabriel Ferrater.
¿Remember?
¿O sí hace falta recordar a Gabriel Ferrater, si quiera en la faceta que nos implica: su papel de lector en el selecto comité de Carlos Barral, más su condición de traductor?
Aquel informe se reproduce en este necesario rescate, a modo de prólogo.
Y pensamos en los muertos, y en cómo a veces no importa la vida.
Pero también celebramos la permanencia, malgrè tout.
La resurrección de esta novela es un ejemplo.
Es una delicia (y un milagro) que una joven editora leyera los informes de lectura de Gabriel Ferrater y recuperase esta novela, Doctor GLas.




Sueños corren como arroyos... Te conozco, vieja sabiduría proverbial. Y en realidad la mayor parte de lo que uno sueña no merece ni un instante de atención: rotos pedazos de cosas vividas, a menudo de las más indiferenetes y necias, que el ser consciente no ha encontrado dignas e mención, pero que siguen viviendo unas vidas e sombras en las buhardillas del cerebro. Pero se dan también otros sueños".