lunes, 16 de mayo de 2011

OCCIDENTE

Últimamente, me he desenganchado de los seriales televisivos, pero estos han venido a mí.
Quiero decir, cerca (relativamente) de mi rincón, con el consiguiente revuelo.





Acaban de rodarse los dos o tres capítulos finales de Doctor Mateo (que no he visto, pese al enclave y al paisanaje) en Grandas de Salime, una localidad del interior por la que tengo especial predilección, con una arquitectura popular muy bien conservada y un afisonomía muy singular.





Y con un Museo Etnográfico más que digno y además, uno de los pioneros.
Un museo que vi crecer (casi literalmente, pues es más de un avisita coincidió que llegaba una furgoneta con.... por ejemplo la consulta de un médico)








Vi crecer ese museo al par que lo hacían mis hijos, disfrutando enormemente.


Según la prensa, el equipo de la película (con Natalia Verbeke) quedó prendado del lugar y de lo bien recibidos que fueron.
Y yo celebro que el Occidente asturiano vaya conociéndose y apreciándose en lo que merece...


http://www.oscos-eo.es/RecursosWeb/IMAGENES/1/0_572_1.jpg








P. D. Ma non troppo.

sábado, 7 de mayo de 2011

LA MATUTE



El miércoles día 27 de abril debería haber estado en Alcalá, en la entrega del Premio Cervantes a Ana María Matute, pero no pudo ser.


https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgc66cuKypkTg3ZsoLbXqqb96WvXW29yW81sZbJirE-Tr1UT6SGzDl1t-EBEUeizNKaUrAdNwjt6G0Mda9y2DA8zgoX0ZtXBqeXstC3ZcjaX7yyiTek6Ztd2gQJADy15w20-q4D1bRp30s/s400/anamaria.jpg

El jueves leo interesantes crónicas sobre lo sucedido y las reacciones suscitadas.

Aquí os dejo una parte de la mía: un texto escrito para el Libro-Homenaje publicado con dicho motivo, lo que no es un escaparate menor (todo sea dicho). Tenía muchas ganas de poner los puntos sobre algunas íes novelísticas (explicaba y hacía leer a la Matute en mis clases de Novela del XX), pero tuve la suficiente paciencia (o vagancia) para esperar la ocasión propicia: el Catálogo oficial que acompaña al evento, y que ( extractado) empieza así:

Cada vez que por motivos varios me pongo a pensar y evocar la trayectoria literaria de Ana María Matute –así como la fortuna de que ha gozado el conjunto de su vasta y plural obra-, casi siempre me invade la misma sensación, que me atrevo a calificar de una especie de desajuste en su relación con el tiempo y que parece haberla perseguido hasta ayer mismo, hasta la propia concesión del Premio Cervantes 2010.

Hay datos y razones de distinta índole que explican el hecho, pero voy a limitarme a la experiencia personal y a lo que conozco. Cuando un estudiante de filología o de literatura, o simplemente un lector inquieto y cuidadoso, que desee o necesite orientarse sobre el panorama de la narrativa española de la segunda mitad del siglo XX, acude a las monografías y estudios sobre la materia saldrá más bien desorientado –si no disuadido- en el caso de Ana María Matute, ya que , por lo general –y salvo escasísimas excepciones-, lo que allí se le cuenta sobre la escritora no resulta estimulante o atractivo, no despertará de inmediato la curiosidad o el interés por lanzarse a descubrir sus novelas y sus cuentos. Puede suceder incluso que ni se la mencione. Veamos algunas muestras –seleccionadas en razón de su representatividad, es decir, de lo mucho que circulaban y se citaban estos estudios- de lo escrito y publicado en fechas tempranas y decisivas, en las cuales sin embargo ya habían aparecido obras tan rotundas y excepcionales como de indiscutible calidad literaria.

Gonzalo Sobejano es realmente desafortunado con su interpretación, lo que aún choca más si consideramos la valía y altura intelectual no sólo del libro citado sino de la casi totalidad de los trabajos de este profesor. Acogiéndose a las descalificaciones previas de Juan Luis Alborg y Eugenio de Nora, Sobejano no duda en señalar defectos de toda índole en las obras de Ana María Matute, en las que siempre aprecia un mensaje que “no es dudoso: el odio arruina familias y pueblos, y sólo el amor a los otros y la proyección activa de este amor puede salvar de la ruina moral […]. Pero cuando se trata de iluminar esta verdad en términos especificadotes, persuasivos e interesantes, la autora retrocede y no sabe emitir idea alguna que rebase el tópico”. La mayoría de los personajes le parecen “invalidados por una maldad excesiva”, y en ocasiones percibe una ingenua pedantería., y siempre la irremisible “tendencia de esta escritora a la , rasgo que a él le parece defecto, en contraste por ejemplo con el modo en que Carmen Martín Gaite se pronuncia sobre las jóvenes noveleras de su generación. Ahora bien, donde más se detiene Sobejano es en “las excreciencias retóricas”, entre las que enumera “la adjetivación enfático-crispante, los sintagmas reiterativo-improgresivos, las imágenes desencajadas y, en general, de un lenguaje que aparenta ser más de lo que es”, así como “el derroche de hipérboles” y un lenguaje “a menudo, impreciso”.

Por su parte, Santos Sanz Villanueva no le va muy a la zaga. Para empezar, la obra de Ana María Matute debe de parecerle inclasificable –tanto como la de Ignacio Aldecoa y Juan Benet- pues en su estudiola incluye en el grupo “Otros autores”, los cuales, salvo los dos citados, nada tienen que ver con nuestra escritora, ni por afinidades literarias o estéticas ni por filiación generacional. Sanz Villanueva admite sin ambages “los viejos fallos que han señalado varios de los estudiosos de la novela reciente sin paliativos” y caracteriza así la trayectoria de Ana María Matute: “va de un desbordamiento de la fantasía a una inserción de sus temas en un marco más actual. Es decir, desde una imaginería novelesca hasta una colocación de esa imaginación en un terreno más próximo, el de la sociedad de su tiempo. Pero no evolución progresiva, sino oscilante, pues cuando la autora parece querer encontrar un terreno más firme entroncando sus temas en una situación concreta, en una historia y una geografía más real, alejando su natural tendencia a lo novelesco (fenómeno que se inicia con En esta tierra y que parece confirmarse con el comienzo de Los mercaderes), da un giro hacia lo fantástico y nebuloso en la reciente La torre vigía”. Y tras citar a Sobejano y Nora en lo referente a los reparos de tipo lingüístico, continúa así Sanz Villanueva: “Ana María Matute no ha sabido tampoco desprenderse de paisajes y localizaciones brumosas, exóticas y alejadas –fantásticas, en una palabra-, de la creación de un simbología a veces rígida y poco operativa y de la invención de personajes poco convincentes o convencionales. Persiste, sin embargo, la creación a través de sus novelas de unos motivos más o menos constantes que hubieran podido darle a su obra una homogeneidad de la que carecen muchas obras novelescas actuales: el mundo de los niños y de los jóvenes y el tema con él relacionado del cainismo; el de la incomunicación humana; el de la búsqueda del paraíso imposible…”. Debo señalar, eso sí, que en un recientísimo trabajo este autor corrige notablemente su anterior valoración de la escritora, aunque sin mencionar aquella temprana –y durante tanto tiempo vigente- valoración.

¿Seguimos?

Os remitoal mencionado catálogo (que aún no he visto). Eso sí, retened este final:

Tuve la fortuna de estudiar en la Universidad de Barcelona y formarme con el profesor Antonio Vilanova quien tenía una muy distinta valoración de la obra de Ana María Matute, de la cual nos beneficiamos varias promociones de estudiantes, así como los lectores del semanario Destino, en cuyas páginas él ejercía la crítica literaria con regularidad; con algunas de aquellas colaboracioes redactaría –por desgracia, bastante más tarde que el resto de los autores mencionados- su fundamental y lúcido ensayo Novela y sociedad en la España de la postguerra cuyo capítulo XXIX dedica a nuestra escritora y titula “Ana María Matute: el mundo de la niñez durante la guerra civil o la corrupción de la inocencia”. Algunos de aquellos lúcidos análisis son incontestables y afloraránn en estas páginas, sin duda deudoras del magisterio de Antonio Vilanova.



viernes, 29 de abril de 2011

ONDAS

Ya sabéis que sigo junto al mar, rayando las costas gallegas, y en concreto las orillas de la Mariña lucense, que a veces bordeo montada en bicicleta. Un día de éstos, sorprendí este diálogo de besugos, que puede tener una lectura metafórica de estos tiempos.

P: D: De nuevo, se lo debéis a las pescas/pesquisas de Nico en las redes........


miércoles, 27 de abril de 2011

En defensa del míster y de algo más

El madridismo sectario acusa a Pep de ser un falso y de usar careta. De esa forma intentan justificar una persecución alevosa contra un tío que hasta ahora ha intentado ser y casi siempre lo ha logrado, muy comedido en sus declaraciones... un tío que vive intensamente el fútbol, pero que no ha levantado el tono hasta ayer, después de oír, desde hace varias temporadas ya, una barbaridad de improperios hacia su persona y la institución que representa. Fenomeno que se ha agravandose mucho durante estos ultimos meses ya que a los panfletos capitalinos ahora se ha sumado un entrenador piromano. Y aún así, incluso dentro del estallido de rabia de ayer Pep ha podio mantener las formas bastante bien, teniendo en cuenta el cabreo monumental que con razón lleva encima. Pero todo eso da igual, porque estamos hablando de Pep, ahora a esas acusaciones de careta se sumará la de faltar al respeto. No importa que haya poco material para ello incluso en la "Wutrede" (discurso de rabia en alemán, youtubeando se entiende el concepto). Los genios de la manipulación cavernaria ya encontrarán alguna frase que tergiversar, como hicieron con el asunto del linier y el gol de pedro.

Al otro lado de este hombre respetuoso pero acosado tenemos a Mourinho, que no falta al respeto no, Mourinho es un santo. Un santo que acusa a terceros de adulterar la competición dejandose ganar. Un santo que acusa a los árbitros, a los tipos del calendario y a los estamentos federativos nacionales y continentales de estar sesgados, "en complot" contra su persona. Un tío que ha despreciado el trabajo de sus compañeros de profesión y del colectivo arbitral, es un santo. Y un mártir que es crucificado cada día por los herejes que como yo, no creemos en su santidad.

Mourinho tampoco es hipócrita, no lleva careta. Su mujer dice que cuando lo ve en las ruedas de prensa no lo reconoce. Mourinho en Inglaterra dice que Cristiano es un piscinero y aquí no se tira nunca. Mourinho en Italia pone como ejemplo de buen calendario a España, aquí es una parte más de la conspiración judeo-masonico-barcelonista para hundirle. Mourinho dice que sólo critica a los arbitros cuando cometen errores, pero se queja de las expulsiones que ha sufrido ante el Barça cuando la mayoría son merecidisimas (Del Horno, Ramos, Albiol, Di María). Mourinho acusa a Preciado de dejarse ganar y adulterar la liga, luego alaba a Pellegrini cuando éste también reserva jugadores y finalmente él hace exactamente lo mismo. Buscando seguramente hay más material, pero eso al madridista sectario no le importa, porque Mourinho es un enviado del cielo, tocado por Dios, mártir del madridismo, Mourinho no es hipócrita, Mourinho no usa careta. Sólo Pep... sólo Pep, más falso que Judas, Pep, el belcebú de las areas técnicas.

Parafraseando a Fernando Fernán Gómez: ¡Vaya usted a la mierda Mourinho! ¡Vaya usted a la mierda Inda! ¡A la mierda!




Nota: Soy Nico, el que suele ilustrar este blog. Hoy me he tomado la libertad de secuestrar este espacio literario para causas más profanas, pero también nobles, porque este pequeño alegato no quiere ser sólo la defensa del míster, sino también la defensa del sentido común y la racionalidad en el fútbol. Que sí, que el fútbol es un juego que nos tomamos muy en serio y hoy vamos a sufrir como si en vez de estar en el bar viendo un partido estuviesemos combatiendo en las trincheras de Verdún. Pero por muy culés o merengues que seamos, no hay que volverse locos dedicandose a envenenar el ambiente con vomitivas declaraciones, portadas o comentarios para intentar defender lo indefendible.

miércoles, 6 de abril de 2011

LILIPUT (I)

Todo empezó a propósito de Schopenhauer, la primavera pasada.

Había quedado con Martin en los aledaños del CCCB para asistir a algo y, como se retrasaba, no tuve más remedio que entrar en la librería anexa y...
Un libro portátil, fragmentario, que no me obligue a nada, pensé.

Aquella tarde (crepuscular) empecé a leer aquel atormentado (y cáustico) "diario", que me acompañó varias semanas (especialmente en verano) y que, en fin, no es lo que se llama una lectura complaciente. Veamos, por ejemplo, esta entrada, la 21 (que elijo un tanto al azar, de entre las marcadas):

Como el respeto decrece en proporción al incremento de la confianza, debido a que las personas vulgares suelen despreciar todo aquello que no les cuesta trabajo alcanzar, uno debe sobreponerse a la tendencia natural a la sociabilidad y esforzarse en dosificar cuidadosamente la confianza...

Y cita luego Schopenhauer a nuestro Gracián y su regla número 177 -"Escusar (es decir, precindir de) llanezas en el trato- y me digo que...







Pero no es cuestión de añadir desaliento (pesimismo), con la que está cayendo.
Más allá de la anécdota, lo que importa es su consecuencia: desde entonces no quedo con nadie sin introducir previamente en el bolso una lectura, por si acaso...

Desde la pasada primavera, pese a que cuando salgo intento evadirme y dedicarme a mirar o escuchar sin pensar, como suelo culminar esas jornadas ociosas con alguna cita, y quedo a la intemperie, me llevo un libro, por si acaso. No vaya a ser que se produzcan desencuentros imprevisibles, que sí.
Por ejemplo: Me fui (por primera vez: la mano es la mano) a las jornadas de Kosmópolis.
Partí bien predispuesta un viernes veintitantos de marzo, cuando ... CLAUDIO MAGRIS, CLAUDIO MAGRIS..., exclamó entusiasmado un (muy buen) alumno, Julio Harrison, que acudía con mucho margen de tiempo y al que encontré en los aledaños del CCCB mientras yo aprovechaba la luz de la tarde para leer en la zona "chill out" de la cafetería... Ante mi sonrisa algo escéptica, me dijo:
-No lo he leído, a Magris, pero me leí a Steiner, como me recomendaste aquella vez en tu despacho.
(Fue este pasado febrero, de modo que no me quejo, ¡qué va!)





Bien, queridos... No voy a atentar contra Magris, pero sucede que lo he leído de arriba abajo, y "El Danubio" me sigue pareciendo incontestable, pero ya había ido a escucharlo en una ocasión anterior (también en diálogo fraternal con Josep Ramoneda) y...
No basta con bombardear (acústicamente) al personal para... Así que cuando por enémisa vez le oí hablar de Schlegel a propósito del incierto presente e improbable o negro futuro que nos aguarda, decidí abandonarlos y seguir con mi particular festín.





Estaba en una sala adicional (no en la grande, no había llegado a tiempo) y me saqué mi librito:
Grandes borrachos daneses, de Lars Bang Larsen e Ignacio Vidal-Folch, una hilarante parodia de... muchas cosas, entre otras de las citas eruditas que aquí van firmadas por Martin in Amish, Huñlebeck, Guy de Bore, S. E. Bald... et altri (todos grandes popes), más la formidable indagación amagada en el título.
(De la habilidad de Vidal-Folch para la parodia y el pastiche creo haber hablado aquí en alguna anterior y lejana entrada, así que no reincidiré.)




Y seguí leyéndolo mientras hacía cola, a la espera de escuchar a Eduardo Lago y Vila-Matas.
Pero no os voy a hablar de aquella performance, porque o se ha presenciado o...
¿Cómo describir al policía Giménez, o reproducir su brillante -¿por naïf?- intervención?
Al salir me encontré con otro excelente alumno, Paco Antúnez. Charlamos brevemente y le prometí fotocopiarle algún texto vilamatiano que trataba de... encuentros sublimes





Sí voy a hablaros, en cambio, de los libros que desde entonces, y por las razones expuestas, me han acompañado, pues es lo cierto que una de las mayores satisfacciones que me concedo es salir de una librería con seis u ocho títulos sin sentirme arruinada.

Así que esta primavera errática me entrego a estas lecturas breves, algunas shandy, y casi todas imborrables.
Por ejemplo, releí (lo supe cuando empecé, pero no antes, pues lo había leído en el inmenso tomo de los "Cuentos", hace unos años, y así a bote pronto, no lo tenía tan claro) Amo y criado, de Tolstoi (recién rescatado en la nueva colección Alba Brevis). La nouvelle (más que relato) es muchas cosas: una pequeña crónica épica de baja intensidad, una road-novel avant la letre y... claro está, la personal reflexión tolstoiana sobre la condición social y humana y demás, con sus habituales temas sobre las relaciones del propietario ruso y los mujiks o el sentimiento de piedad.





Además, se imponía una lectura de la obra por parte de nuestro Clarín ("Amo y criado. Último cuento de Tolstoi, La Ilustración Española y Americana, 8 de julio de 1895), a la que había vuelto por mis clases de Máster ("Cervantes en la literatura española moderna y contemporánea). En ese ensayo Clarín nos advierte de que Amo y criado parece "una simple narración realista de costumbres rusas, con sus ribetes de sátira", que recuerda algo las correrías del héroe de Gógol en Almas muertas, pero Clarín ve/va más allá, y nos revela la filiación cervantina (y específicamente quijotesca) en la relación entre amo y criado: entre el rico y sanchopancesco comerciante Brejhunoff y el pobre Nikita, el criado, soñador a su modo y creyente: "Un Quijote por dentro, un idealista con harapos, sin discurso de la Edad de Oro que él no sabe que ha existido..."
¡Ah, Clarín! Conviene releerlo, siempre.


FOTOS DE TOSTOY Y CLARÍN (seguidas y pequeñas)


Luego me entregué a otro ruso de mi devoción: el perturbador Gonchárov.
Lo descubrí a partir de su clásico Oblómov (1859) (hay múltiples ediciones), un libro de referencia, y cada vez que se traduce algo de él, me lanzo. Por ejemplo, Una historia corriente (1847), en Alba Clásicos, y Ninfodora Ivánovna (Amaranto, 1999) me han acompañado otras veces.
Pero he de hablar de estas tardes primaverales y de las formas/formatos breves.
El mal del ímpetu (1838), de Goncharov (Minúscula, 2010) me proporcionó unas horas de placer inenarrable porque... sadismo... pensaba en mis futuros alumnos de Romanticismo (a ver si me leen y no se me matriculan) al leer esta hilarante crónica narrada por un perplejo (y preocupado) narrador que, amigo de Nikon Ustínovich -Oblomov avant la letre, dado que se lo describe como criatura que "rara vez salía de casa y a fuerza de vivir en posición horizontal adquirió todos los atributos del haragán: una panza enorme colgaba majestuosamente de él y..."- se desvelaba por las pasiones -el mal- de los Zurov: una familia amiga que se entregaba (y sacrificaba) al mal/pacer del Wanderlust, incluida la abuela nonagenaria que "poseía una cualidad por la que los pobres humanos estarían dispuestos a pagar un precio tan alto como la mutilación o la parálisis", ya que en todo momento, la abuela "podía predecir el tiempo y, por lo tanto, desempeñaba el papel de barómetro casero viviente".





Toda la nouvelle es una magnífica parodia de los grandes ítems de la sensibilidad romántica: los paseos edificantes y saludables o el muy germánico Wanderlust (aunque aquí conviene recordar a Wordsworth), el contacto con la Naturaleza y la experiencias místicas, la relación con los lugareños... cuando sucede en un bodegón que... ejem, ejem.
Y como buen relato de aventuras, hay un epílogo que da cuenta de lo sucedido dos años después, y aún más tarde.




Estoy meditando si el próximo curso, a mis alumos de Romanticismo, les pondré un trabajo comparativo sobre "El mal del ímpetu", de Goncharov. Será más llevadero, en cualquier caso, que algunos de los que les ponen mis sublimes colegas, aún no sé con qué propósito, y que rezan así, obligatoriamente:
"La estética de Kant, Hegel o Aristóteles (por este orden) en alguna obra literaria".
SOS. ¡Bolonia!


También me leí estos días un librito adquirido en la librería del Thyssen, en un viaje relámpago a Madrid: El arte de los jardines modernos, de Horace Walpole (Siruela, 2005).
Es una delicia y permite, de un modo muy ameno y natural, ilustrar el cambio estético del XVIII al Romanticismo, cuando el trazado a compás de Versalles y otros parques incipientes -la regla, el orden, lo uniforme- tan mal casaba con el maridaje con la Naturaleza que propugnaba los artistas románticos.
En su librito Walpole documento el espino camino de una subversión que él aplicaría en su propio jardín de Strwberry Hill.
¿For ever?


P.D. Ya os hablaré de mi jardín astur, al que habremos de aplicar cierto compás, qué remedio.

viernes, 1 de abril de 2011

CUARESMA



Ya sabéis que últimamente voy bastante por la Facultad; a pasear y a charlar, o a matar el tiempo, dada mi (actual) circunstancia, y acaso también dada mi reputación de zángana.
Ayer, cuando entré en la Secretaría del Departamento, tres o cuatro amigas conversaban sobre el Tiempo (el metafísico y existencial), en tonos lánguidos (no llegaban a la elegía).
Asentí, confirmando que del tiempo (ahora me refería yo al cronológico) sólo perduraba la gastronomía; o se reconocía por ella (algo así).
Venía de la panadería-pastelería Escrivá (todo un clásico, Escrivá padre y su digno sucesor Christian, vecinos algunos años), de degustar media docena de Bunyols de l'Empordá, y de comprar un par de piezas de "pa de montanya".

¿Que por qué paseo tanto estos días, aparte la Primavera?





La Cuaresma eran los buñuelos y el bacalo de los viernes.
Afortunadamente, tengo a Nico zanganeando por aquí (cinco semanas de vacaciones entre cuatrimestre) y hoy nos ha cocinado uno de sus platos estrella, con el que seduce a sus compañeros berlineses: bacalao al pil-pil.