sábado, 16 de junio de 2012

MINEROS

Aún en Berlín, empecé a tener noticias (más bien Nico, por internet) de lo que estaba sucediendo con los mineros de Asturias, León, Teruel.... Aquí, algo empezó a difundirse en la prensa escrita y, dada la avalancha de noticias y los múltiples frentes abiertos, poco a poco fueron apareciendo imágenes en la televisión y demás.
Nada nuevo, por otra parte.
De anteriores conflictos mineros quedó amplia huella en la literatura y la música contemporánea.
Una breve muestra










Y vale la pena resaltar también este fragmento de Chicho Sánchez Ferlosio:




 

Y queda a la espera de más noticias ....




miércoles, 13 de junio de 2012

ESPAÑA-EUROPA

Así que sí, parece que esta vez como pocas otras en la historia reciente, Europa entra en España.
Tras un viaje (escapadita) a Berlín (del que hablaré), vuelvo al tajo y releo a Cernuda (ensayos), con el pretexto de un breve trabajito que debo preparar. Como es natural, y recomendable, leo muchísimas más páginas de las estrictamente necesarias para documentar las cositas.

En un texto breve, de los primeros tiempo del exilio (en la Inglaterra de la IIGM), a propósito del debatido tema, y en contra de "los apologistas indígenas de la europeización de España" (¿a quién recuerda?),escribe:
"... no es la uniformidad entre los diversos países europeos lo que los incorpora dentro del continente, sino el haber inspirado a éste históricamente con propias formas de vida y de cultura".
(De "Mito poético de Castilla").

viernes, 8 de junio de 2012

PERIODISMO

Hace unos días apareció en el suplemento literario de "El País", Babelia, mi crítica de la reciente novela de Pedro Sorela, autor al que he seguido desde hace años, dada la personalidad no sólo de su escritura sino de sus mundos narrativos.
              
                     
 


Reproduzco ahora la breve reseña sobre El sol como disfraz (Alfaguara, 2012, 348 páginas).

Dadas las actuales circunstancias, he leído con un interés añadido la nueva novela de Pedro Sorela, El sol como disfraz, que cuenta la refundación de un periódico centenario, La Crónica del Siglo, hasta convertirlo en uno de los referentes del periodismo moderno en la España de finales de los ochenta, con la llegada de un nuevo director, Picasso, y su osadía frente a las certezas y los credos consagrados, su independencia y su capacidad de extraer lo mejor de sus colaboradores. Tal aventura durará siete años, hasta 1995, cuando la imagen –fuese eso lo que fuese- pasa a ser el valor absoluto o “la nueva demostración de Dios”.
Sin desviarse de su personal modo de entender la novela y la escritura –cuya condición esencial es que lo que dice una palabra diga más-, en El sol como disfraz Pedro Sorela dilata más el foco y en ocasiones hasta aplica una lente de aumento para diseccionar el pequeño mundo de la redacción de un periódico y las fuerzas que lo animan y agitan, con sus convicciones, códigos, leyes no escritas, servidumbres, rivalidades o intrigas, incluida la particular circunstancia humana de los periodistas y demás personal, que también incide en todo ello.
Es estimulante y admirable la agudeza crítica de Pedro Sorela, que obliga o ayuda al lector a encarar ese mundo, con sus grandezas y sus miserias, desde perspectivas nuevas, alumbrando tanto los brillantes logros de ese nuevo periodismo como su quiebra final, corroído por el tiempo y, sobre todo, embestido por las preferencias e intereses de una sociedad entregada al espectáculo, que pivota entre la mascarada y la farsa, y regida por un pragmatismo tan obsceno como acomodaticio.
El sol como disfraz está repleta de un buen número de asertos que nos dan que pensar.

                                     

Como prueba, este pasaje que narra la llegada del joven director Picasso (que se apoda así por la peculiar y aguda condición de su mirada) al periódico y la revolución que provoca: 

Porque ese fue otro de los cambios decididos por Picasso en esa semana en la que, mientras El Marqués rebuscaba en las alcantarillas una forma de contar la ciudad, él degolló, marginó, hizo que se suicidaran marchándose por las buenas o exilió a media redacción para hacerse de verdad con el poder y comenzar a dirigir el periódico: En adelante sólo podrían firmar los redactores en plantilla. Nunca los estudiantes en prácticas ni las chicas a las que los jefes babeantes permitían firmar grandes reportajes de domingo, aunque no fuesen grandes y más bien de lunes, para ver si por ahí las persuadían de ir a comparar paradores de fin de semana. Y quedaba prohibido en adelante firmar los teletipos traducidos, el corta-y-pega de Internet, cuando llegó, y los robos a otros periódicos: había que citarlos. Parecía una tontería, pero de hecho por ahí empezó todo.
      Empezó con el despido de una redactora a la que pillaron copiando de un teletipo de agencia los datos de un muerto, y firmándolos en lugar de ir a preguntárselos a alguien.    
       La chica llamó a la puerta de un pequeño despacho que Picasso se había habilitado al lado de la Redacción, como una salita de guerra, y exhibió la sorprendida sonrisa de debe de haber un error.
-         No, no lo hay, dijo Picasso, y comenzó a explicarle por qué la despedían.
-         ¡Pero si es lo que se ha hecho siempre!
-         Justo. Es lo que vas a dejar de hacer a partir de hoy, al menos en La Crónica. El problema contigo es que no es la primera vez.
   Y Picasso le demostró a la periodista cómo todos y cada uno de sus escritos del último mes eran copias de otros, le demostró que existen fotocopiadoras de carne y hueso y ella era una. Suyos eran sólo los titulares tendenciosos, el escondite de las fuentes, como si las informaciones se las hubiese colocado bajo la almohada el ratoncito Pérez, y los adjetivos. “Que están prohibidos”, dijo Picasso con un tono profesoral y algo repelente. Tuvo compasión  y no precisó que eran adjetivos de tercera –pues los adjetivos establecen entre quienes los eligen más diferencias de clase que los títulos nobiliarios- , y estaban mal puestos. Pero se quedó ahí.
    Lo cual no impidió que la noticia de que ese profesorcillo de arte a quien le había caído en un braguetazo la dirección del periódico no tenía ni puta idea de cómo funcionaban las cosas y era, además, un fascista, recorriese la sede de La Crónica en Duque de Santás.  Apenas un poco menos rápido que lo que tardó en saberse en su día que la esposa del director se había fugado con el cronista de tribunales. Aquello fue instantáneo, como una explosión nuclear, lo que permite preguntarse si la velocidad de las noticias no dependerá de la avidez de quienes las reciben.
    Santiago G. redactor jefe de Política entró sin llamar.
-         ¿Es cierto que has despedido a una redactora por tomar datos de un teletipo? Con su corbata suelta y sus tirantes, Santiago G. ponía una cara incrédula e irónica, de periodista que ya lo ha visto todo.
    Picasso lo miró con sus ojos quietos color miel.
-         ¿No te han dicho nunca que se puede llamar a la puerta antes de entrar y además ser buen periodista?
   Santiago G., a quien se le cuadraban los políticos por su poder de director de pista de circo de hacerles aparecer o no en La Crónica, ya fuese junto a los leones, ya con los payasos, quedó tan sorprendido que Picasso aprovechó para comunicarle su propio traslado a Deportes. “Soy de los que creen que hay que hacer un poco de todo, ¿sabes?”, le dijo, un viejo argumento en la antiquísima práctica de los defenestramientos periodísticos.
    Y tuvo los modales de callarse mientras Santiago G. dimitía. Picasso aceptó y suscribió la versión política que le pedían: razones personales. Eso es lo que pasa con los periodistas especializados en políticos, en jueces y hasta en porno rosa, aunque eso ya no es periodismo: terminan por contagiarse y se comportan como sus fuentes, a veces en formato de caricatura.
    Nadie en La Crónica se llamó a engaño. Santiago G. no caía bien –por sus habanos obscenos pero sobre todo por su cargo de Redactor jefe de Política, que en un periódico suena como Ministro del Interior-, y es muy probable que él mismo comprendiese su fin como lo comprende el primer ministro que ve a su rey empequeñecer mientras lo llevan a una guillotina silueteada por el crepúsculo. Sabe que su teléfono enfermará de tristeza por el silencio, y que tendrá suerte si le permiten envejecer podando rosales.

     Lo que nadie podía imaginar era hasta dónde iba a llegar el nuevo régimen. En los días siguientes Picasso se cargó a otros dos de los cinco redactores jefe del periódico. Al de Economía, por aceptar corbatas de seda gruesa con los colores de los bancos y fines de semana en paradores. No protestó y días más tarde aceptó el cargo de Vicepresidente de Comunicaciones Exteriores de un banco, con coche oficial y sobresueldos por beneficios. El otro fue despedido con la acusación de inercia.çç
-         ¿Perdón?, preguntó Manuel R., el redactor jefe de Internacional
-         Inercia. Desidia. Conformismo. Elige lo que quieras, concedió Picasso. Con tu sección parece que el mundo no da vueltas, y si las da, siempre es por la misma ruta.
    A Manuel R. se le veía cansado pero el cansancio es el destino de los periodistas de Internacional, incluso el de los sentados, que son nueve de cada diez: el simple hecho de querer abarcar tanto ya cansa. Es posible que estuviese incluso un poco aliviado, si bien habría preferido que su final fuese de otro modo.
-         ¿Y no es así?, preguntó.
-         Quizá, dijo Picasso. Es lo que espero averiguar.
    De momento respetó al redactor jefe de Cultura y al de Deportes, Germán Cortés, un tipo que se despertaba a las cuatro de la madrugada para ver las carreras de motos de Australia.
    Se cargó en cambio a Mateo Santa Cristina, y eso también hizo sensación: Mateo era “uno de los activos del periódico”, como dijo el gerente. Se había plantado en el despacho de Picasso –para entonces ya ocupaba el grande, el presidido por la mayor galería de retratos de directores de toda la prensa de Madrid-, asustado por la osadía de esa destitución:
-         ¿Si?, preguntó Picasso. Por qué.
    Bueno, Santa Cristina era un gran periodista, explicó el gerente.
-         ¿Qué ha hecho? No había malicia y Picasso mostraba genuino interés. Quizá no se había informado bien…
    Nadie hubiese podido explicar ese valor seguro. Muchos hasta envidiaban el aspecto de Santa Cristina de haber llegado hace dos días de una guerra de la que justo la noche anterior le habían desaparecido las ojeras. No había joven redactora que no quisiera tomar café con él ni joven reportero que no quisiera ser como él… y no se sabía por qué. Nadie hubiese podido citar una crónica suya, ni una decisión, ni siquiera un pie de foto ingenioso que hubiese escrito. Tenía un puñado de amigos noticiables –actrices, deportistas, directores célebres, viejos políticos-, pero son ingenuos los periodistas que creen que porque les invitan a percebes y les dan palmaditas en la espalda tienen amigos. Los que tienen amigos son los periódicos.
    De todas formas sus escritos sobre sus amigos estaban tan trufados de incienso que apenas pesaban y tenían dificultades para sostener la foto.
-         Es un globo, zanjó Picasso, sin tiempo que perder. Y le dio a elegir entre trabajar en los archivos o recibir una indemnización.

martes, 22 de mayo de 2012

POLÍGLOTAS

Saben bien (algunos de) mis alumnos que... en lo que atañe a la España invertebrada, soy partidaria de articular o programar intercambios escolares entre chiquill@s de diferentes regiones, comunidades o autonomías patrias (léase Iberia. la piel de toro) a fin de... Aparte del coste (más barato que Irlanda o el internado british), otros ahorros no desdeñables...
Por ejemplo, y ya puestos en un programa de mínimos (así hablaban los burócratas cuanto tratábamos asuntos varios), quizá lográsemos mejores asesores lingüísticos en la Junta de Extremadura a la hora de replicar al inofensivo (¿o no?) Xavier Trías, tan modosito y delicado y hasta prudente porque....


                         


Y es que el tencoyong tiene visos de ir a convertirse en el pantumaca, (¡y a mucha honra!) de la crisis.
Me fui a Valladolid (¡que ya es!) y me he descolgado de posibles secuelas, pero esto es lo que tenía en mente antes, así que...
Antes, también, estaba conmocionada por la noticia de que en Catalonia nos gobernaba un tal Mr. More...
Repito: Mr. More...
Al parecer, ni para ti ni para mí ... Porque nada que ver con  el Mas catalán, ni mucho menos con el Mas castellano, que así, sin acento, es puro adversativo....


                  www.20minutos.es/noticia/1414807/0/generalitat-catalana/web/traduccion-ingles/

Ahora bien, me complace transmitir a aquellos que no se conectan con lo propio, este gag del gran programa catalán "Polònia", espléndidamente ... traducido (visual y gráficamente)...


         (P.D. H estado de viaje y mi secretario se ha tomado días libres también; de ahí el retraso.)                

martes, 15 de mayo de 2012

UNIVERSIDADES

Aún me duraba la risa tras la lectura del último cuento del reciente libro de Cristina Peri Rossi, Habitaciones separadas, que narra la grandeza de un ingenuo Robin Hood urbano, expropietario de una pequeña tienda de electrodomésticos, que una mañana sorprende a los transeúntes de City Light con una lluvia de billetes, convencido de que su acción es un gesto poético, y hasta revolucionario, ya que distorsiona los circuitos habituales de distribución del dinero....

                               
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgGJJBiWrU0c5Ors1h_BNlWPPnNfJdLckN0fAat7dd7ndubctkhUB20Nty4w5IkEOTBYCz8EsUGcYOTpI6BqPsZe8_f204o9jpGabBUVjAhrsTTwbCPkXrp0UuOq-cY8tZKGEMR95plDg/s320/habitaciones-privadas-peri-rossi.jpg

cuando este miércoles disfruté de lo lindo con otro gran escritor uruguayo (y todo un referente), Eduardo Galeano, que vino a nuestra Universidad a ofrecer una lectura de su último libro Los hijos de los días, una deliciosa gavilla de relatos breves (algunos casi poemas en prosa) organizados a modo de entradas diarísticas, si bien son "ficción" o recreación o meditación histórica, tanto del presente como del pasado, cargados de humor, ternura, acidez, sarcasmo...
                          

Salía recreando aquella lectura, maravillada por el llenazo: el Paraninfo repleto, hubo que habilitar el Aula Magna (tomen nota los encargados de las relaciones públicas de las editoriales, que se les llena la boca rechazando ese espacio, que al propio Galeano le embelesaba...)...
y al llegar a casa me enteré que habían desmantelado LA RIMAIA, una universidad popular, también de mi barrio...

                                              
La había descubierto por casualidad hace años, en una modesta sede de un bajo comercial de la calle Casanova, al regresar del Renoir-Floridablanca... y desde entonces había seguido su obligado deambular... A ver dónde renace!

domingo, 6 de mayo de 2012

MAYO




Al maig, cada dia un raig

El pasado viernes, Xavier Theros escribió (en la edición catalana de El País) un certero y acerado artículo –“Plaga de poliflautas”- sobre el particular clima que vivimos en Barcelona ya no el martes 1 de mayo, sino la semana entera, desde que empezaron las medidas profilácticas destinadas a hacer agradable la estancia de tanto ilustre visitante que tuvo a bien agraciarnos con su presencia. Hablaba Theros de la estética poliflauta que prolifera entre los moços (que se disfrazan de activistas antisitema pero con una banda de color verde en el brazo izquierdo para que los distingan), del derroche de helicópteros sobrevolando permanentemente la ciudad, de las calles cortadas y los atascos…
Y hoy sábado leíamos una muy elocuente crónica –“Un blindaje policial sin margen para el error”- de lo que le pasó a un modesto funcionario (sospecho que de mi faculty) que, al salir del metro en Universidad y ante el insólito y esplendoroso espectáculo que se desplegaba a sus ojos, tuvo la infeliz ocurrencia de sacar su móvil y disparar unas instantáneas…
También supimos que, pasado el peligro, liberaron a los estudiantes “retenidos”.


El caso es que, por befas o por nefas, recordé otro mayo extraño: el de 1937.
Por increíble que parezca, en la férvida Barcelona de entonces no se celebró la gran manifestación que unitariamente habían convocado los sindicatos para conmemorar la fiesta del proletariado, el 1 de mayo, y aquel sábado los barceloneses se vieron obligados a trabajar igual que un día cualquiera. Contra lo prometido, no hubo discursos, ni paradas, ni manifestaciones: sólo un escueto comunicado oficial para notificar la suspensión de los actos programados debido al peligro y el desorden reinantes, instando a las organizaciones a retirar de las calles a cuantos elementos que, a fuerza de emplear la coacción, comprometían la revolución y la guerra. Era la única manera, decían, de erradicar el clima de alarma que reinaba en Cataluña a causa de los asesinatos y atropellos cometidos por unos y por otros, a los que siguieron los correspondientes entierros con sus cortejos fúnebres, unos actos descomunales y excesivos para ser lo que supuestamente eran o deberían, pero no para lo que en realidad fueron: una demostración de fuerza.

        



El narrador de mi nueva novela y su amigo Ángel habían quedado el domingo por la tarde para ir al Capitol, y lo esperé en la Plaza de Cataluña durante unas dos horas, y recordará la extrañeza que le produjo el monolito instalado en mitad de la plaza para celebrar la fiesta del trabajo: un gigantesco número uno erguido sobre una base de cuadriláteros que en cada una de sus caras llevaba escrito en enormes letras mayúsculas un maig aderezado con profusión de alegorías y eslóganes referidos a la histórica jornada. En el Capitol, esa histórica jornada tenían programado La ciudad sin ley, del gran Edward G. Robinson. Bueno, de Howard Hawks.

                      


Naturalmente, el amigo Ángel estaba missing porque, tal como venían dadas, se jugaba el cuello. Más tarde, cuando se encuentran, y rememora aquella otra semana trágica (que así llegó a llamársela), entre otras cosas, le cuenta:
            -Pero que conste, que en Sants triunfamos. En mi barrio, los bakuninistas proclamaron el comunismo libertario: desde el mismísimo martes y frente a la mismísima Plaza de España, ondeó un gigantesco cartel –explicó, abriendo los brazos todo cuanto pudo y agitándolos en el aire mientras exclamaba:
                        REPÚBLICA INDEPENDIENTE DE MURCIA
       AQUÍ TERMINA CATALUÑA.
PROHIBIDO HABLAR EN CATALÁN.




                                 


Y también le cuenta, muy enfadado, el discursito ridículo de García Oliver conocido como “La leyenda del beso”:
¡Camaradas! Por la unidad antifascista, por la unidad proletaria, por los que cayeron en la lucha, no hagáis caso de provocaciones. No cultivéis en estos momentos el culto a los muertos. Que no sean los muertos, la pasión de los muertos, de nuestros hermanos caídos, lo que os impida en estos momentos cesar el fuego. No hagáis un culto a los muertos. […] Todos cuantos han muerto hoy son mis hermanos; me inclino ante ellos y los beso. Son víctimas de la lucha antifascista y los besos a todos por igual

    



Y ya puestos a seguir llorandoriendo, otro recuerdo de aquellas jornadas: el almibarado artículo aparecido en una publicación anarquista, “Las Naranjas de la Paz”, donde el autor, abusando de la falacia patética, contaba un episodio, al parecer verídico, sucedido en las calles de la Barceloneta:

     Los disparos de esta parte de la población se espacian y agonizan, como lanzados por fusiles asmáticos. Un carro de naranjas, conducido por camaradas del Borne, pone una pincelada de oro en la pausa de un tiroteo lánguido. Las naranjas –bombas de mano de la huerta levantina- avanzan hasta la barricada que ocupan los trabajadores. Un saco, dos sacos, tres sacos
      Los camaradas del Borne se retiran después del dulce bombardeo y los trabajadores se disponen a engullirse el envío, ante los rostros asombrados de los guardias. En el reducto del Orden Público las bocas se hacen agua.
     Un guardia más decidido que otros se acerca a pedirles naranjas y les regalan un saco. Desde entonces, ni un disparo, ni un insulto, ni una mala mirada más. Bien haya la naranja pacificadora que ha sido instrumento de armonía…