martes, 13 de marzo de 2012

SOMBREROS

Se avecina otra primavera animada (esperemos).
De momento, las calles y las plazas y las avenidas y los viejos bulevares se van llenando.
El domingo pasado picaba el sol (o cascaba).
Y recordé entonces la más extraña (y hasta pintoresca) manifestación de que jamás tuve noticia.
Me instalo, deliberadamente, en el registro libresco por no desparrarme ahora en evocaciones varias (y recordar, por ejemplo, las no menos pintorescas demostraciones -¡éramos tan cosmopolitas!- que se montaban en la Barcelona de los setenta).
Sucedía en Barcelona, en agosto de 1936, recién encendida la Guerra Civil.



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Un inspirado plumilla de Solidaridad Obrera (tengo pendiente un artículo sobre los excesos retóricos de mis queridos ácratas), un tal Sixto, tuvo la ocurrencia de publicar un curioso artículo titulado “Los sombreros”, donde se leía:

El sombrero es una pieza de la indumentaria, antiestética, innecesaria y reveladora de una presunta superioridad de la mollera que lo sostiene. Las épocas se han sucedido y parece que lo único que separa a los hombres es el copa, el hongo, el flexible y el paja. Los marineros corsarios tocaban su cabeza con un pañolón rojo. El capitán pirata llevaba, además, un sombrero de tres picos, aunque fuera doble bruto y criminal que sus subordinados. La revolución francesa terminó momentáneamente con el sombrero porque la pequeña burguesía temía cubrirse la testa con los sombreros heredados de los aristócratas y por eso inventó la escarapela, hasta que logró dominar al pueblo. En Rusia, la gorra de plato fue artículo de primera necesidad en los heroicos tiempos de la revolución, hasta que a Litvinov se le ocurrió disfrazarse de millonario y montar una oficina burguesa en Ginebra. ¿Cuántos sombreros habéis visto estos días por la calle, camaradas? ¡Ninguno o apenas ninguno! Pues bien; es necesario que el sombrero desaparezca. (Que nos perdonen nuestros camaradas sombrereros, pero estamos seguros que en cualquier otra industria trabajarán con provecho altamente superior para la colectividad). Mientras en la calle no se vean monteras, la revolución será nuestra. Cuando éstas aparezcan de nuevo, habrán empezado las antesalas y los cuchicheos que darán al traste con nuestros propósitos. Tiene una significación histórica muy negra para no darnos cuenta de que es una arma de poder. En cuanto el miedo de la burguesía se aminora, la confianza renace de nuevo y prosiguen los escarnios y las injusticias. El barómetro de la burguesía es el sombrero ¡Guerra a los sombreros!



Pues bien, Sixto consiguió algo inverosímil aquellos días: abarrotar la barcelonesa plaza de Sant Jaume de sombreros, unidos los patronos y los obreros para salvar al gremio. Al día siguiente el mismo rotativo informaba de la protesta y obligaba al ingenioso a disculparse.


¡Cosas!

14 comentarios:

  1. Ja, ja, ja que buena historia Ana. ¡Imagínate si abogaran por la prohibición del futbol!. Hace muchos años, Gabinete Caligari escribió una canción titulada "Canción del pollino" donde venían a recordar cuanta masa de gente era capaz de movilizar el deporte rey y sus inmensas posibilidades sociales:
    "Amigos permitirnos presentar
    Pues nuestros nombres muy poco os dirán
    Nosotros somos gente normal
    Hasta que llega el domingo
    Amigos nuestros no os asustéis
    Al ver que somos más de dieciséis
    Pensad que seríamos bastantes como
    Para hacer la revolución
    Somos los que, llenamos los estadios
    Para poder, insultar y blasfemar
    Somos los que, no vamos al teatro
    Y somos carne de bar, y somos carne de bar
    Sabemos que nuestros hijos seguirán
    Al frente de las estadísticas
    Que nominan a nuestra tropa
    La más inculta de Europa
    Somos los que, no saben no contestan
    Con excepción, del 1 X 2
    Somos los que, no tienen biblioteca
    Y somos más de un millón, bastantes más de un millón
    Somos lo que, llenamos los estadios
    Para poder, insultar y blasfemar
    Somos los que, no vamos al teatro
    Y somos carne de bar, y somos carne de bar
    Somos los que, no saben no contestan
    Con excepción, del 1 X 2
    Somos los que, no tienen biblioteca
    Y somos más de un millón, bastantes más de un millón"
    Un abrazo.

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  2. Me has hecho reír tú también, Carlos.
    Esa anécdota me costó mucho suprimirla de una novela que publico en mayo. Algunas otras también, así que las iré sacando aquí en el Blog. Un abrazo fuerte!

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  3. Sí que es divertida la anécdota. jajaja.
    Qué manía sombrerera le entró al buen hombre, sin acordarse, por ejemplo, de los calvos, a quienes el sombrero protege del frío en invierno y del sol en verano. Seguro que mi calvo se hubiera unido a la manifestación del día siguiente, jajaja.

    Enhorabuena por la novela que está en puertas, Ana. Ya avisarás.
    Un beso.

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  4. Uf!, menos mal, porque si el tal Sixto viese mi armario, ya me veo dentro de una Checa
    Qué capacidad de convocatoria inversa, y sin twitter...

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  5. Hola Ana Rodríguez

    Esta entrada me trae a la memoria una frase de Oscar Wilde: "Soy capaz de prescindir de las cosas más necesarias, pero no me pidas que prescinda de lo superfluo".

    Felicidades por tu próxima novela.

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  6. Sí, tienes razón, Eduardo. La verdad es que hay una cantidad de citas de escritores sobre el tema muy curiosas. Unamuno era vitriólico. De los modernistas finiseculares decía: "A falta de ideas, sombreros". Un abrazo!

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  7. "El barómetro de la burguesía es el som brero". Una frase genial del autor del texto que podría pasar por una greguería de Ramón Gómez de la Serna. En fin, que Soxto tenía vocación literaria.

    Un gran abrazo desde Madrid y desde Al margen.

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  8. Sí, sí, Manuel... Hay que reconocer que, dentro de los excesos, de vez en cuando acertaban... o se aproximaban a Ramón, que también era excesivo. Abrazos!

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  9. YA VEREMOS EN L QIUE SE TRAADUCE ESTE....eliminatoria, en minúsculas, dado el presssssupuesto....

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  10. Qué va. qué vÁ...... NADA mÁS FALATRÍA.... cORDIAALMENTE!

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  11. No sé si la frase es de Sabina o de Luis García Montero: "los rojos también llevamos sombrero".

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  12. Voy acabar publicando un aAntología. Un beso!

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