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jueves, 20 de febrero de 2014

LECTURAS NO OBLIGATORIAS

No me cuento entre quienes denostan lo de "lecturas obligatorias" cuando se presenta el programa de un curso, en base a una supuesta contradicción entre ambas palabras. Quizá porque entiendo el adjetivo como sinónimo de imprescindibles, elementales, insoslayables, básicas... o transversales (por ponernos à la page).
Pero es el caso que me declaro adicta a las  LECTURAS NO OBLIGATORIAS de la poeta polaca (¡y Premio Nobel de Literatura en 1996!) Wislawa Szymborska.
    
                
Aquí ya he hablado de alguno de sus anteriores libros o entregas: Lecturas no obligatorias, Más lecturas no obligatorias... todos editados en Alfabia. Ahora nos llega la tercera recopilación: Siempre lecturas no obligatorias.
¿Que por qué me gustan?
Porque sus reseñas (pues de eso se trata) son una especie de pequeños relatos o historias. Tal es su talento y sutileza a la hora de contar o transmitir al lector la experiencia de enfrentarse a libros muy dispares, que pueden tratar de la historia de Etipopía, de la bioacústica, de la mujer en tiempos de las cruzadas, de música, de los ritos amorososo del XIX, de la fisiognomía de los escritores, de las mariposas (sin efecto), de la cocina del lejano oriente, de los castillos y sus misterios, de la historia pop del cine... Y por supuesto, de muchos autores, no sólo polacos... Aquí nos habla de Paul Valèry, de Dickens, de las Odas de Horacio o de los Epigramas de Marcial, George Sand, Goethe.... y de otros genios: Gustav Klimt, Einstein, Dalí...

                             
  
Y todo ello siempre acompañado de un humor que es signo de inteligencia (¿distancia?).
Por ejemplo, y para ceñirnos a lo más nuestro, estas líneas (porque debemos convenir en que es difícil de explicar lo acontecido la pasada temporada) referidas a Dalí (del que prefiero su faceta de escritor, en conjunto):
.... había artistas no menos excelentes que él, creadores de obras extraordinarias. Chirico, Ernst, Magritte... Los cuadros de Dalí, en especial sus obras más conocidas, me parecen sobrecargadas y las miro con un ojo aquí y otro allá. No sé, prefiero a Magritte. es más riguroso, sus conceptos son más modestos y, gracias a eso, exige mayor concentración. Dalí me recuerda a esos jóvenes poetas que creen que cuantas más metáforas hay en un poema, mejor es este..."

Son este tipo de conclusiones (epifanías), tan sencillas como lapidarias, tan ajenas a la retórica de la ciencia de la literatura, las que me arroban en las lecturas de esta gran mujer.

P.D. Hubo ocasión de comprobarlo/contrastarlo en la muestra de "El Horizonte" que se exhibía en la Fundación Joan Miró.


lunes, 5 de agosto de 2013

URGENCIAS

Uno de estos días (disculpad la imprecisión: es la ventaja de las vacaciones, el olvido y el sucederse insensible del tiempo; sólo recuerdo que fue hace muy poco) leí en El País la noticia del enfado y las protestas de los bomberos londinenses, hartos de la infinidad de avisos y salidas  (que habían aumentado exponencialmente, al parecer) debido a los desafueros y desaguisados a raíz de la lectura de Las 50 sombras de Grey, por empeño de algunas lectoras en conciliar teoría y praxis.
¡Ay, Marx!
(Aquí, de momento, sólo tengo noticias de esporádicas protestas -muy tibias, apenas balbuceanates- de unos santos varones y esposos entrados en años a los que entrevistaban -también a ellas- hace ya uns tiempecito.)

http://i.telegraph.co.uk/multimedia/archive/01749/fire_1749381c.jpg

Sin embargo, sí me sobresalta e intranquiliza la inminente programación televisiva de Master Chef Junior.
Hoy hacían el casting, y pulsaban la opinión de algunos padres que hacían pacientemente cola para que sus vástagos tuvieran una oportunidad. Todos ellos loaban las tempranas inclinaciones y habilidades culinarias de sus criaturas, y le oigo a uno decir:
-Con meses, ya batía huevos.
No pude dormir la siesta, consternada (y seramente preocupada) por nuestros bomberos (o quizá les toque poner remedio a los pediatras) y lo que se les avecina....


http://img.irtve.es/imagenes/vinetas-comer-beber-guillaume-long/1358354936690.jpg

Por si no hubiera bastante con las urgencias forestales.

domingo, 16 de diciembre de 2012

OTRO BARTLEBY

Sabido es que tuve una modesta participación en la nómina de "escritores del No" que integran el maravilloso libro de Enrique Vila-Matas, Bartleby y compañía, tal y como quedó recogido en el ensayo "Un tapiz que se dispara en múltiples direcciones", perteneciente al libro Desde la ciudad nerviosa (Madrid, Alfaguara, 2000), donde en la página 221 el autor relata cómo llegó a sus manos el caso del argentino Enrique Banchs.


Hoy, sin embargo, le habría hablado a Enrique Vila-Matas de otro par de bartlebys: dos románticos franceses del círculo de Victor Hugo, que Teófilo Gautier recordó en sus memorias-recuerdos del romanticismo Teófilo Gautier, en el capítulo titulado "El compañero milagroso", donde leemos:

 "Julio Vabre debe su celebridad al anuncio, en la cubierta de las Rapsodias de Petrus Borel, del Ensayo sobre la incomodidad de las cómodas, obra que jamás ha aparecido, y puede reunirse, en los catálogos fantásticos, al tratado De la influencia de las colas de pescado en las ondulaciones del mar, de Ernesto Reyer".



He recordado todo esto porque tengo que ir entrando en materia y propiciando el clima adecuado pra el coloquio sobre 

                                   LITERATURA DE LA EDAD SECA

que Vila-Matas mantendrá con  Lluís Izquierdo y conmigo este Martes 18 de diciembre, a las 18:00h. en el Aula 211 de la Facultad de Filología (Pza. Universidad) y al que estáis cordialmente invitados.

martes, 10 de julio de 2012

DAMAS NOVELISTAS

En tiempos apretados,  de cierta saturación y elevadas temperaturas (no sólo en el sentido térmicoambiental) tengo por fortuna a mano un selecto repertorio de lecturas breves y oxigenantes.
Estos días le ha llegado el turno a un agudo ensayo (no me atrevo a llamarlo sátira, aunque está repleto de humor e ironía y, por momentos, de sarcasmo) de la gran  novelista británica George Eliot.

                         


Se titula "Las novelas tontas de ciertas damas novelistas", y acaba de sacarlo la editorial Impedimenta, en traducción de Gabriela Bustelo.
Es un repasito de ciertas novelas que alcanzaron la fama en la Inglaterra victoriana, en la onda del abaratamiento edulcorado postromántico y demás. Pese a desconocer los títulos a que remite, es tan prodigiosa y contundente su insobornable exégesis que queda muy claro el paisaje literario de ciertas modas pasajeras: argumentos predecibles, personajes estereotipados y maníqueos, diálogos absurdos de tan inverosímiles, discurso baladí, fatuidad soporífera, abuso de la falacia patética, etc.
 Algunas de las etiquetas que acuña para trazar la tipología de esas novelas (y de sus autoras) bien podría importase aquí, todo sea dicho.

                                   
 
Y para no llamarnos a engaño, conviene avisar de que aquí no hay feminismo ni cuestiones "de género": "La disculpa habitual para las mujeres que se hacen escritoras sin reunir ninguno de los requisitos necesarios es que la sociedad les impide entrar en otros terrenos profesionales. La sociedad es un ente muy culpable, al que se pouede atribuir la producción de incontables objetos dañinos, desde los pepinillos es mal estado a la mala poesía". (pág. 57)

martes, 10 de abril de 2012

ESPAÑA - EUROPA





Recientemente (Babelia, del pasado 17 de marzo) le leí a Francisco Rico que cuando V. S. Naipaul -becario en Oxford y conocedor de nuestra literatura y nuestro idioma, que le parecía el más hermoso que se conoce- propuso traducir al inglés para la exqusita Penguin Classics nuestro Lazarillo de Tormes, el director de la editorial lo rechazó de plano porque "era un libro difícil de publicar y tampoco creía que era un clásico".
¡Un clásico!
Más que las celebradas meditaciones de Italo Calvino al respecto, prefiero las de George Steiner, cuya autobiografía (o lo que sea) Errata (1997) se hilvana selectivamente en torno a ciertos espacios, tiempos y lecturas. La infancia perteneció a los clásicos, cuya naturaleza, atributos y cualidades resumo brevemente (recomiendo seguir íntegramente el proceso de reflexión y análisis de Steiner: "una forma significante que nos lee"..., "nos interroga cada vez que lo abordamos"; queda muy lejos de compartir el atributo de lo trivial, de modo que los clásicos "escapan a cualquier forma de decibilidad definitiva"; es un espacio perennemente fructífero" que nos obligará a "un proceso de ahondamiento" porque nos ofrecen un conocimiento que modifica nuestra conciencia, al exigirnos re-acción (también en orden a las lecturas).





El primer texto que aborda Steiner es el canto VIII de la Odisea, cuando Demódoco, el aeda ciego, canta para los nobles y su desconocido invitado (que no es otro que Ulises) las batallas a Trtoya y "al escucharse así cantado, el viajero se deshace en llanto", porque "obliga a Ulises a encarar el desmoronamiento, la diseminación de su propio ser. Ha pasado a habitar en la eternidad insustancial de la ficción".
El episodio le parece a Steiner el máximo intento de comprender la naturaleza de la representación y el recuerdo, de la realidad y de la ficción. Y nos brinda otros ejemplos, que llegan hasta el regreso del narrador a Venecia, en la obra de Proust. Lo más curioso es que no hay ni siquiera una línea para nuestro Don Quijote. Y en todo el libro, ni una mención a Cervantes, por cualquier otro posible mérito.Sólo una vez aparece el manido tópico-símil... "para enfrentarme, como don Quijote y sus molinos de viento, a la cultura popular...." (pág. 148)
(Ni siquiera lo justifico por su resistencia a leer obras traducidas: en alemán tiene la magnífica versión de Ludwig Tieck)





Me duele ese silencio en alguien que se declara "una narquista platónico y no una papeleta electoral" (pág. 152) y que confiesa ser un "coleccionista de silencios" (pág. 178) -¡YO TAMBIÉN!- . Y pienso, con melancolía, cuánto le gustarían (quizás) las páginas de Azorín que closan el "maravilloso silencio" que reina en la casa de don Diego Miranda, el Cballero del Verde Gabán (silencio sobre el que Cervantes pasa rápidamente y por eso Azorín ahonda y expande ese rasgo en Al margen de los clásicos).
Y pienso en Unamuno y en algunos pensadores destacados, en su escasa repercusión en Europa.
Y recuerdo un pasaje espléndido de Barrio de Maravillas, de Rosa Chacel.

Tienes que admitirlo, atravesamos un bache enorme. Aunque no sé si es optimismo creer que lo atravesamos. ¿Es que pataleamos siquiera? Ya, ya sé que algunos patalean: esos pocos que frecuentas o que defiendes. Yo no, yo no defiendo, yo acuso. "J'accuse" a los que patalean con mala pata. Ya sabes que hace años que quiero repetir ese título y lo haré... Lo haría si creyera que podía servir para algo. Aunque probablemente lo haré sabiendo que no sirve. (Pág. 224)

... estás viendo las cosas eficientes, arriesgadas, que nos vienen del Norte. No sé que lugar ocupan respecto a la estética, pero el caso es que no son impotables, como las nuestras... No, no, no... No me vengas con lo de la ingenuidad, con lo del mérito que tiene el debatirse en la ignorancia por alcanzar. En primer lugar, la ignorancia no es tan grande porque saben leer y hay cerros de libros a peseta... ¡Saben leer! ¡Fíjate! Ahí tienes un conflicto, una llaga nacional que duele de verdad... (Pág. 224)













Q
uien así se expresa, hacia 1914, es Manolo (y ya es significativo el nombre), un personaje de "Barrio de Maravillas", de Rosa Chacel, en quien la escritora quiso (y creo que logró) forjar un personaje que fuese una especie de síntesis (eludo lo de arquetipo) de aquellos maestros que formaron a los jóvenes de su generación (Unamuno y Ortega, por lo que se refiere al pensamiento ideológico o político social, que luego en otros ámbitos hubo algunos -pocos- más).

Estas líneas las transcribo para mostrar que la autora, lejos del maniqueísmo y el edulcoramiento con que ciertos noveles tratan determinados asuntos (digamos, para abreviar, cultura y pueblo, sin pretender ponerme solemne), es implacable, con lo nuestro y con lo ajeno.
Es sólo el preámbulo de lo que quería comentar: la rabia que le invade al personaje por estar "en este rincón del mundo que es España y, para remate, estamos aculados en el último rincón de este rincón"; la rabia por sentirse sólo un pingajo (mirad la geografía) respecto a Europa.


Bien, todo esto retornaba estos días de las clases de Postgrado, aunque la sensación es persistente, y ya casi empiezo a cogerles manía a según quienes (a Steiner no, me es imposible). Porque si hacia 1900 (o cuando peleaban los citados Maestros) nuestra inexistencia intelectual podía "explicarse", no me parece razonable que en el 2010 o en el 2011 la cosa siga igual.
Menos aún considerando que Europa (Bruselas, mejor dicho) no nos quita ojo.