domingo, 18 de noviembre de 2012

FABRA I COATS







Aprovecho los días lluviosos, que impiden salir al campo y caminar por bosques otoñales, para, al menos, reconciliarme con esta ciudad que cada vez me anima menos y... visitar uno de sus espacios recuperados: la antigua fábrica textil Frabra i Coats, rehabilitada como Centro de Arte Contemporáneo.


                          

Regreso, con sentimientos encontrados.
Deberían haber sido menos extenuantes y abarcadores en su afán restaurador y dejar algo... un desconchado, una pared ahumada,óxido...
Me consuelo en casa, ante una reliquia: una caja metálica (¡redonda!, pero no chata o aplanada sino alzada, cosa que no abunda, y con una perforación -un ojete- en el centro), o mejor dicho, "un estuche para ovillo de hilo de crochet" de HILATURAS DE FABRA Y COATS, marca COMETA.
(Prometo ir hablando de mi colección de cajitas metálicas)

                           


En la base de la cajita, leemos:
"Para servirse de este estuche, se coloca el ovillo en el mismo, con la etiqueta abajo; se procede a quitar el anillo de cartón que hay en el interior del ovillo, dobléndolo hacia dentro. Así pierde su forma circular, y sale fácilmente. Se toma luego el cabo del interior del ovillo, se pasa por el ojete de la tapa , y cerrada ésta, queda el ovillo en estado de desovillarse perfectamente hasta el final".
¡Ah!, las viejas instrucciones de uso (¡y qué lenguaje!)
Tardes de la niñez, cuando las madres nos medio crucificaban "solicitándonos" que "sostuviésemos" la lana de las madejas recién lavadas (e hiciésemos los movimientos debidos, muy pautados, tan precisos como las indicaciones citadas) para ellas proceder a ovillarlas.
Recuerdos, recuerdos.


                

Este es un recuerdo de mi madre. Lo aproveché en mi reciente novela, donde, cuando el padre le escribe a su hija cómo, durante la Guerra Civil, todos colaboraban al servicio de la causa popular, las niñas tejiendo jerseys para los soldados del Frente durante los recreos, su hija, educada en las escuelas franquistas, reacciona así:


-Todas las niñas saben coser y bordar y calcetar, para eso van a la escuela, a aprender labores, ¿a ti no te enseñaron? Empezamos con el bordado artístico elemental, en unas cartulinas del tamaño de una postal que vendían los editores Seix y Barral de Barcelona. Los puntitos marcados en las líneas del dibujo señalaban donde se tenía que pinchar la aguja en cada puntada, y para facilitarnos los primeros tanteos, los puntos podían perforarse  previamente. La maestra, con su buen gusto, escogía el color de los hilos y cuidaba de los detalles. Yo hice un payaso, y una casa con dos árboles, uno a cada lado, y un barquito velero surcando las olas. Pero después, de grande, hice cosas mucho más bonitas. Tengo unos paños preciosos bordados a festón y vainica y cordoncillo y punto de cruz. Incluso el nido de abeja, que es dificilísimo, me quedaba una maravilla. 



                        

4 comentarios:

  1. El pasado domingo salió ese espacio en la 2, y enseguida recordé la marca de hilos. Esa caja es un tesoro! Recuerdo perfectamente mis primeros bordados en papel, lo mío fue un león, cabellera incluída! Pinta bien tu libro!

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  2. Gracias, Floreal. El libro lo presento en la Librería Laie, el próximo martes 27. Lo anunciaré aquí. Un beso!

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