viernes, 30 de septiembre de 2011

Tania con I

Recientemente hemos presentado la novela ganadora del II Premio Casavella.



En mi opinión es una apuesta arriesgada y valiente, con un trabajo formidable de lenguaje y rastreo cultural .

Y sobre todo, es una novela tremendamente divertida y corrosiva con los mecanismos de marqueting capaces de fabricar un producto y devorarlo y exprimirlo hasta...

Incluyo un par de fragmentos:
En este primero se recogen varias opiniones sobre el personaje.






Este otro fragmento corresponde a otro de los hilos de la novela: las vicisitudes del narrador-biógrafo a quien se le encarga la biografía autorizada de la superstar:








Texto





jueves, 15 de septiembre de 2011

ABSOLUTAMENTE MARAVILLOSO

Dudaba mucho de cómo titular esta entrada, y es que me sentía entre abrumada y deslumbrada por un hecho, que enseguida comprobé que proseguía. Así que mejor suspender las sensaciones y ponerse manos a la obra.

Regresaba de Asturias, ordenaba papeles, abría sobres, revisaba libros y revistas. En una de ellas, la ovetense "Clarín", aparecía un breve ensayo (mío) que trataba de dos recientes entregas de Enrique Vila-Matas
, publicadas en el sello Debolsillo: los volúmenes En un lugar solitario y Chet Baker piensa en su arte.






El primero de ellos, En un lugar solitario reúne las obras narrativas del autor escritas y/o publicadas entre 1973 y 1984: Mujer ante el espejo contemplando el paisaje (cuyo título original queda aquí restituído: En un lugar solitario), La asesina ilustrada, Al sur de los párpados, Nunca voy al cine (relatos) e Impostura. Vienen precedidas por un extenso y sugestivo prólogo del autor, en el que Vila-Matas se remonta al año 1971, que pasó en Melilla como soldado del ejército español y donde, durante veinte días, permaneció ingresado en el manicomio militar de “esa plaza fuerte”, conviviendo con “grandes desequilibrados” a los que estudió a fondo, consciente de que “aquella gente era una nada desdeñable fuente de inspiración para posibles relatos”. El segundo volumen, Chet Baker piensa en su arte, contiene una selección de relatos fechados entre 1988 y 2010, procedentes de libros tan emblemáticos como Una casa para siempre o Suicidios ejemplares. El libro se cierra con un largo texto inédito (el que titula el volumen) en el que Vila-Matas ensaya la “ficción crítica”. De manera que ambos tomos reúnen dos valiosos textos en los que el lector puede ver a Vila-Matas dedicado a indagar y escribir: dos actividades que al autor le parecen paralelas, y a veces incluso idénticas, según admite en el prólogo a En un lugar solitario.

Si consideramos que de aquellos primeros cinco libros, sólo uno de ellos, la novela La asesina ilustrada, había vuelto a editarse (Lengua de Trapo, 1996), y otra, Al sur de los párpados, ni siquiera los más madrugadores vila-matianos habíamos tenido ocasión de leer, podéis imaginar cuánto celebré esos rescates.



De manera que la primavera pasada, releí un buen puñado de textos que me han acompañado desde hace años. Y ahora me encuentro con otro libro emblemático del escritor barcelonés, que se recupera al cabo de unos veinte años de su primera edición: El viajero más lento. Si no me traiciona la memoria, creo que fue el primero de los libros donde EVM reunía algunos de sus "ensayos" (entrecomillo el término para avisar de la personal y libérrima concepción que el autor tiene del género) literarios, más una deliciosa crónica de un viaje por la antigua RFA -Alemania en otoño-, más otros vagabundeos físicos y vitales. Recuerdo de manera muy particular este libro, porque siempre he disfrutado y aprendido mucho de este tipo de textos: las reflexiones o apuntes o críticas de los (grandes) escritores sobre la literatura, propia o ajena

En esta su nueva andadura, el libro ha crecido (y no sólo a lo largo), y lleva como subtítulo "El arte de no terminar nada", un ensayo inédito a modo de epílogo, al que le sigue otro: "Café Bénabou".



De modo que leí enseguida esas nuevas reflexiones o notas de vida y letras que sin embargo enseguida tendrían su continuación en un nuevo tomo de más de quinientas páginas, Una vida absolutamente maravillosa: una amplia selección de Ensayos, algunos procedentes del libro anterior, pero que cubren esa faceta de Vila-Matas hasta fechas recientes, incluyendo asimismo inéditos como media docena de entregas del segundo Dietario Voluble.

Además, Una vida absolutamente maravillosa recupera íntegro un libro delicioso - Para acabar con los números redondos- e incluye textos imprescindibles para comprender el singular mundo del autor. Hay además piezas imborrables como "La acera sonámbula y verdadera", "Me senté y lloré" o el Homenaje-Evocación de Marguerite Duras, y...


Lo dicho: absolutamente maravilloso.

lunes, 5 de septiembre de 2011

MANN

Reemprendo la lectura de un tomo que empecé a frecuentar la pasada primavera, cuando estuve en Asturias varias semanas: el fenomenal volumen que reúne los Cuentos Completos de Thomas Mann, todo un esfuerzo editorial que le debemos a Edhasa.





Entonces, me lancé a leer en primer lugar "Muerte en Venecia". Debía de tener más presente la película que el texto de la nouvelle de Thomas Mann, porque de repente me descubrí a mí misma sorprendida (si no turbada) por la interpretación de la lectura que iba haciendo.
Tan perpleja me quedé inicialmente que achaqué mis "impresiones" a la experiencia reciente: una inmersión intensa y concentrada en las huellas cervantinas (sobre todo quijotescas) en la literatura contemporánea, que es el tema del Máster que imparto en la UB.
Conocía el ensayo de Mann sobre El Quijote y... lo había releído recientemente, para un ensayo nómada. De modo que mis impresiones no eran descabelladas ya que el 19 de mayo de 1934, Thomas Mann emprendía su primer viaje transatlántico (que le llevaría al exilio de la Alemania nazi) y empezaba a redactar su Viaje por mar con Don Quijote, pues lo acompañaban “los cuatros tomitos en tela color naranja” traducidos al alemán por Ludwig Tieck, versión que entusiasmaba a Mann por hallarse, en aquel momento del clasicismo y del romanticismo, la lengua alemana “en su más feliz momento”. El novelista no compartía la muy extendida opinión de que “lo que se lee en un viaje ha de ser lo más ligero y superficial, tonterías que «hagan pasar el tiempo»”. Todo lo contrario, creía Thomas Mann: “Don Quijote es un libro universal; para un viaje universal es lo más adecuado. Fue una aventura audaz escribirlo, y la aventura receptora que significa leerlo es igual a las circunstancias”. El héroe cervantino se le representaba como un espíritu libre, crítico y humanamente muy por encima de su tiempo.

Don Quijote es indudablemente un loco, la obsesión caballeresca le convierte en uno; pero la chaladura anacrónica también es la fuente de una nobleza tan real, de una pureza, de una gracia aristocrática, de una decencia tan atractiva y tan inspiradora de consideración de todas sus maneras, físicas y espirituales, que la carcajada ante su «triste», su grotesca figura, siempre está mezclada de respeto admirativo, y nadie se encuentra con él sin sentirse atraído incrédulo hacia el hidalgo lamentable y magnífico, trastornado en un punto, pero por lo demás intachable. El espíritu en forma de spleen es el que le anima y ennoblece, el que deja resurgir incólume su dignidad moral de todas las humillaciones:



En fin, que en mayo de 2011 yo tenía más o menos presente este dato que acabo de consignar, pero aún así... No sospechaba el posible calado de la "lectura universal".





Y es que de repente, empecé a ver una corrosiva ironía en torno a Aschenbach y sus primeros momentos en Venecia (su frustrado intento de fuga), con inflexiones de una extrema comicidad, propias del pastiche:
"Día tras día, el dios de las mejillas de fuego guiaba desnudo su ignívoma cuadriga por los espacios del cielo... Bajo la bóveda azul con destellos plateados del éter..." pág. 503); "El exotismo elevaba así los discursos del adolescente a rango de música, un sol desbordante derrochaba sobre él sus resplandores, y la sublime perspectiva del mar daba siempre fondo y relieve a su figura" (Pág. 506).
Y, sobre todo, un feroz sarcasmo (si no parodia cervantina) vertido sobre "el contemplador", especialmente en sus reflexiones sobre el Arte, la Belleza, el Ideal, etc.
Brutales las páginas 507-510 de la edición que manejo, cuando nos cuenta Mann cómo "el senescente artista" le da la bienvenida a la embriaguez, y así "el entusiasmado" Aschenbach rememora (¿remeda?) el Fedro platónico: "Razón de dicha es para el escritor y el pensamiento capaz de transmutarse, todo él, en sentimiento, y el sentimiento capaz de devenir, tofdo él, idea... Y súbitamente lo asaltó un deseo de escribir. Cierto es que, según dicen, Eros ama el ocio, y sólo para él fue creado. Pero, en aquella fase de la crisis, la excitación del aquejado lo impulsaba a producir .... Es sin duda positivo que el mundo sólo conozca la obra bella y no sus orígenes ni las circunstancias que acompañaron su génesis, pues el conocimiento de las fuentes que inspiraron al artista lo confundiría e intimidaría, anulando así los efectos de la excelsitud. ¡Extrañas horas! ¡Fatiga extrañamente enervante! ¡Comercio curiosamente fecundo del espíritu con un cuerpo!"

La cervantina perversidad de Mann para con (el Ideal de) su criatura no cesa, pero sólo citaré una par de líneas más:
"Las olas, cabras retozonas, brincaban insistentemente entre los alisados roquedales de la playa más lejana. Un mundo numinosamnete trastocado, vibrante de vida pánica, envolvía al hechizado Aschenbach, cuyo corazón soñaba tiernas fábulas [...] y creía estar viendo a Jacinto, el joven condenado a morir porque dos dioses lo amaban. Sí, hasta llegó a sentir los dolorosos celos de Céfiro por el rival que olvidaba el oráculo, el arco y la cítara para jugar siempre con el bello mancebo..." (pp. 512-3)

¡Ay! Y yo que me había enamorado de Aschenbach. Mayormente por....





(Pensé en hacer un ensayito y todo, pero doctores (o doctoras) tiene la Universidad)

Bien, automáticamente me puse a leer los primeros (cronológicamente hablando) relatos del volumen -"Visión", "La caída"_ y comprobé la línea de continuidad, que proseguía en piezas mayores como Tonio Kröger. Es fascinante seguir eseanálisis, el de la dualidad apolíneo-dionisíaca, y el ajuste de cuentas que hace Mann respecto a la "herencia cultural" recibida.
Un largo y deslumbrante proceso, que le obliga a desenmascarar a bohemios diletantes y a los antirrealistas ("Tristán" es una pieza espléndida -anticipada ya en otro relato breve: "El payaso", en la que Mann vuelve a la parodia), y le aobliga asimismo a encarar a las grandes figuras del Romaticismo (Goethe, Schiller)... para acotar un territorio propio... cuya singularidad reconoceréis en esta libro espléndido que bien puede acompañarle a uno el verano entero... Y proseguir.


jueves, 18 de agosto de 2011

MARES

Jamás me incluí entre los detractores del caos.
Acaso por... ¿por qué, por qué, por qué?
(¡Ya vuelve, preparémonos!)

El caso (¿o hablaba del caos?) es que siempre me quedan aquí, en Asturias, lecturas pendientes. Porque todos empezamos el verano con muy buenos propósitos.
Tengo al alcance cierta variedad...





Pero también tengo al alcance Portugal.
Y el propósito repetido de... acercarme.
En el ínterim (que es un modo de paliar la frustración de los viajes incumplidos), leo.





Esta narración (muy próxima al libro de viajes, aunque desbordando el marco habitual del género, para sumar reminiscencias y vivencias que se sobreponen al periplo físico) ha sido un verdadero descubrimiento. Me aguardaba en Asturias, donde había quedado a la espera (suelo ser muy optimista en mis previsiones de lectura, pero el tiempo sigue siendo escaso).
No había leído nada de Raúl Brandao (1867-1930), pero me entusiamó esta crónica de 1920 en torno a la vida y la muerte de los pescadores lusos, desde Foz do Douro hasta el Algarve. No hay tipismo, ¡ojo! Sí hay una espléndida observación de todo (paisaje, gentes, oficios) y una temprana denuncia de la sobre explotación del mar, especialmente de la sardina, cuya pesca califica de matanza enorme e incesante:





"¿Cómo viven estos hombres? Se agrupan en el extremo sur del pueblo. Ropas secando, interiores que son pocilgas, casuchas con una puerta y una ventana y un postigo abierto en la puerta. Trapos, viejas redes, rayas escaladas al sol en un palo. Al lado se pudren los barcos y se extiende el sargazo. Las mujeres escurren salmuera y por todas partes hay restos de sardina y de chiquillada. La vida pulula, la vida pródiga e incesante. [---] La cocina da miedo, con la cazuela de cocer la cáscara, el horno y los potes de hierro. De noche todo esto se alumbra con la luz de sebo de pez, que impregna las paredes y huele que apesta.
Así viven estos hombres. Cómo mueren lo decía, mucho mejor que yo, el viejo cementerio de Póvoa, que ya no existe. Se iba de tumba en tumba y se leía siempre... muerto en el mar".

(R. Brandao: Los pescadores. Traducción de M. T. Portela Carreiro. A Coruña, Ediciones del Viento, 2009, pág. 54).

La referencia pretende ser sólo un rudimentario anzuelo que...
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