viernes, 13 de febrero de 2009

MONTSERRAT

La noticia leída hoy en la edición de Cataluña de El País sobre un nuevo desprendimiento de una roca de 12 toneladas en la carretera de acceso a Montserrat y, en la página siguiente, la crónica de Francesc Arroyo que habla de "La soledad montserratina", me ha llevado a recordar un hermoso libro de Antoni Batista publicado recientemente (en la editorial barcelonesa l'arquer): Montserrat: els misteris de la Muntanya sagrada.

La estructura del libro (siete jornadas de meditación y retiro) y los títulos de los diferentes apartados son ya de entrada muy sugestivos: Matines, Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas... Pababras de indiscutible belleza eufónica que en sí mismas evocan la lejanía histórica y cultural que el autor va acercándonos en un relato vivo y ameno.

Admito sentir una tierna debilidad por esa montaña, que pisé por vez primera en una de las típicas excursiones escolares. Recuerdo con claridad el estremecimiento que me sobrevino allí (pese a conocer bien los abruptos paredones de la montaña astur, de donde venía), ante aquella inmensa soledad. De adolescente me autoprohibí Montserrat por aquello de la cosa política: nada que ver con las gestas pujolistas ni con la exaltación místico-nacionalista.

Después fui creciendo. Y averigüé que la impresionante escena del "descenso de la montaña" (en la que se rescata el cadáver de un piloto republicanos abatidos en una difícil misión), de Sierra de Teruel, el mítico film sobre la Guerra Civil que André Malraux filmó en el otoño de 1938, había sido filmado en el vértigo de ese gran desgarramiento de rocas, con su brillo de plata: la sierra de Montserrat o las "arrugas y cicatrices del planeta".

Porque después seguí creciendo y descubrí un hermoso e inquietante poema del surrealista André Masson (que es quien aparece en la foto), fechado en Montserrat, en diciembre de 1934:

Una noche en Montserrat

De lo más alto de la montaña, en este fin de tarde por segunda vez descubro la tierra al desnudo. Sierras frotadas de miel, lustrosas de plata. Color del grito de los cuchillos. Chirrido de la seda desgarrada. Un río verde. Mordiscos milenarios del agua, Arrugas y cicatrices del planeta. Olor a durillo y terrible silencio.

Sol carnoso en una espuma de sangre. Cataratas de nubes que cubren lentamente Manresa. La noche arropada en pliegues fúnebres.

Perdidos en la montaña. Colgados a dos pasos del abismo. El Vértigo celeste, en las caídas de estrellas. Siento en el interior de una esfera, encerrados en un mundoi "finito". La corona de angustias de perlas negras, hielo ardiente hacia las tres de la mañana. Toda la noche cerca de nosotros un gusano reluciente y, lejano, el grito de un grillo.

Liberación al alba. A la vuelta, ascensión del sol (majestad de su movimiento). Yo surjo de las nubes y galopando hacia el este como un rebaño expulsado a latigazos por un viento furioso.

Esta noche ha nacido un cordero en una cuna de zarzas.


Y un segundo poema, "Desde lo alto de Montserrat", que podéis leer en los Textos sobre España (un delicioso tomito editado por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en 2004) y que no voy a transcribir porque...

...el tiempo vuela. Y agradeced a mi hijo Nico su colaboración especial en el tema de las ilustraciones.

Hasta la semana próxima.

4 comentarios:

  1. Yo también siento una especial predilección por esta montaña, también evidentemente desligada de cualquier connotación pujolista (ahí, en ese enclave, se formó CDC que parece un grupo de rock duro pero no lo es). Ana, hemos compartido comentarios sobre Sierra de Teruel, esas imágenes impresionantes y gastadas que son imagen de una época.
    Pero permite que añada algo sobre Montserrat. Soy de los que hace muchos años compartí noches enteras a la luz de las estrellas esperando un avistamiento OVNI. Efectivamente, los extraterrestres sienten también predilección por la montaña (ya ves, no somos sólo tú, yo y Jordi Pujol) y, como mínimo las noches de los días 11 se aparecen a quien quiera verlos. Te preguntarás si puedo confirmar el dato, si mis noches frías se vieron recompensadas por la visita del más allá. En cierta ocasión Griffol, el contactado, preguntó a los seres que nos controlaban desde los cielos si Gorbachov era un enviado de las alturas. Una enorme y espectacular ráfaga recorrió el cielo en direción a Manresa. Eso significó que sí. Fue mi única relación con los extraterrestres y siempre les he recriminado que, por una vez que veo sus ráfagas, la información que me brindaron fue de poco lucimiento. Hubiera preferido otra cosa, francamente.
    Ello no ha hecho que mi afecto por ese lugar, el niu de la fe del poble català, haya mermado en absoluto. Si alguna vez me hago monje, buscadme allí (recordarás la polémica de los monjes hace años...). Besos

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  2. Inquietante y perturbador, sin duda. Aunque a mí me basta con la poderosa fisicidad de esos parajes, sé que hay mucha literatura en torno a experiencias místicas y esotéricas, al parecer estremecedoras, transcurridas allí. Seguiremos indagando, Ramón.

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  3. Ramon Garcia Alamillolunes, febrero 16, 2009

    Estoy contigo en cuanto a la poderosa fisicidad de la montaña, dejando atrás cualquier conotación mística o esotèrica que viviera en algún momento Pujol y sus secuaces en la creación del "grupo de rock duro".

    A pesar de ser convertida en símbolo de un patriotismo cristiano por encontrarse allí una prima hermana de la virgen de Regla o de Guadalupe y por la proeza del niño de Santpedor que con el ruido de su tambor chocando contra las montañas de Montserrat hizo creer al ejército francés (anticlerical y revolucionario) que el número de soldados del ejército español era mucho mayor, hay que reconocer la extema belleza que se encierra entre las rocas y la vegetación de esta montaña.

    Esta montaña que me es muy cercana ha hecho que intervenga por primera vez en tu blog, ahora ya he roto el hielo y espero volverlo a hacer. Sólo me resta decirte que si algún día quieres hacer visita turística por el Bages y volver a Montserrat, puedes disponer de parada y fonda en mi casa.

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  4. Ramón, hace tiempo que mi hijo pequeño (Nico) quiere llegar hasta allí en bicicleta y que lo recojamos. La climatología y otras incidencias lo han impedido. Pero si este abril no es tan cruel como pronosticó Eliott... te tomo la palabra. Un abrazo!

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